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	<title>La güé de Rafael Martínez-Simancas &#187; cinco dias</title>
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	<description>Insolencia Pasajera</description>
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		<title>Los calores del infierno</title>
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		<pubDate>Fri, 29 Jul 2005 10:32:29 +0000</pubDate>
		<dc:creator>laavutarda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Rafa en la prensa]]></category>
		<category><![CDATA[cinco dias]]></category>
		<category><![CDATA[opinion]]></category>

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		<description><![CDATA[Por: M. ANGEL AGUILAR Sube la temperatura por encima de los 40 grados, disminuye la humedad relativa por debajo del 30%. Sopla el viento. Arden los montes. Escribe El Roto en una de las viñetas que publica en las páginas del diario El País que ha sido desarticulada una red de termómetros chinos causantes del [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por: M. ANGEL AGUILAR</p>
<p>Sube la temperatura por encima de los 40 grados, disminuye la humedad  relativa por debajo del 30%. Sopla el viento. Arden los montes. Escribe  El Roto en una de las viñetas que publica en las páginas del diario El  País que ha sido desarticulada una red de termómetros chinos causantes  del incremento calorífico. Los rigores del clima se hacen con el  protagonismo informativo y ocupan los espacios de privilegio en los  periódicos, en la radio y en la televisión. El recurso a los sistemas de  aire acondicionado dispara el consumo eléctrico hasta niveles récord y  empiezan a menudear los apagones porque las compañías suministradoras  perdieron el ritmo inversor capaz de acompañar la crecida de la demanda  energética.<br />
<span id="more-433"></span><br />
Se forman grandes e interminables atascos de automóviles camino de las  playas y al regreso. Dicen las autoridades de la Dirección General de  Tráfico que con estos bueyes hay que arar y que es imposible disponer de  autovías suficientes para que discurra sin retenciones el tráfico  multiplicado que se genera en las fiestas y en los puentes. Faltan  soluciones imaginativas como las desarrolladas en algunos países cuando  la primera crisis del petróleo en 1973 a base de autorizar  alternativamente en días sucesivos la circulación de los vehículos de  matrículas pares e impares. Tampoco se adoptan medidas como las  establecidas en los ferrocarriles para fijar los días blancos y azules,  ni se habilitan áreas de atascos, como las establecidas de descanso para  alivio de los magrebíes en tránsito hacia los transbordadores de  Algeciras, en cuyos recintos podrían ofrecerse columpios para los más  pequeños, alimentos propios de la gastronomía de la zona y finos  artículos de la artesanía local. Todo propende a recalentar el asfalto y  las meninges y a quemar el embrague y los nervios.</p>
<p>En esta situación límite se ha tenido noticia de un examen de  termodinámica celebrado en la Facultad de Ciencias Físicas de la  Universidad de Valladolid, donde el profesor planteó a los estudiantes  una sola pregunta redactada en los siguientes términos: &#8216;¿Es el infierno  exotérmico (emite calor) o endotérmico (absorbe calor)? Justifica tu  respuesta&#8217;. Parece que la mayor parte de los estudiantes, según  información remitida por Rafael Martínez Simancas, escribieron su  respuesta basándose en la Ley de Boyle, según la cual el gas se enfría  cuando se expande y se calienta cuando se comprime.</p>
<p>Entre todos los ejercicios entregados resaltó el de un alumno que apuntó  elementos discursivos propios. En su redacción partía primero de la  necesidad de saber cómo varía la masa del infierno. Para averiguarlo  estableció la necesidad de conocer la frecuencia con la que las almas  entran en el infierno y la frecuencia con la que salen, porque del saldo  se obtendría la variación de masa que buscamos. En su opinión, debía  asumirse sin duda ninguna el principio de la eternidad del castigo de la  condenación, de donde se deduce que un alma que entre en el infierno  jamás saldrá de allí. Es decir, que la frecuencia de salida es nula.  Ahora, para calcular cuántas almas entran en el infierno, tiene en  cuenta la existencia de gran diversidad de religiones, coincidentes  todas en destinar al infierno a quienes no sean miembros de ellas.  Además recuerda el principio de que para cada persona dada se verifica  la imposibilidad de su pertenencia en un momento determinado a más de  una religión. Y, a partir de ahí, deduce que toda la gente y todas sus  almas acaban en el infierno.</p>
<p>Luego, las tasas de natalidad y de mortalidad le llevan a la conclusión  de que el número de almas que ingresan en el infierno crece  exponencialmente. Se ocupa a continuación de examinar la variación del  volumen del infierno atendiendo a la Ley de Boyle, según la cual para  que la temperatura y la presión en el infierno permanezcan invariables,  su volumen tiene que expandirse en la medida en que se van sumando  almas. Explora, entonces, dos posibilidades: 1) que el infierno se  expanda a una velocidad inferior a la frecuencia de entrada de las  almas, lo que incrementaría la temperatura y la presión en el infierno  hasta que viniera a reventar; 2) que el infierno se expandiera a una  velocidad mayor que la frecuencia de entrada de condenados, con la  consecuencia de un descenso de la presión y la temperatura ambiente  hasta la congelación.<br />
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Todo propende a recalentar el asfalto y las meninges y a quemar el embrague y los nervios<br />
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En este punto, el alumno se ve obligado a optar y para hacerlo introduce  un nuevo postulado, enunciado al parecer por su compañera Rocío López  cuando estaban ambos en primer curso de carrera, y que fue formulado en  los siguientes términos: &#8216;El infierno se congelará antes de que yo me  acueste contigo&#8217;. Después, refiere el hecho de que todavía no lo ha  conseguido, lo que obliga a establecer la falsedad de la segunda opción,  y a proponer como mejor respuesta la de que &#8216;el infierno es  exotérmico&#8217;. Falta decir que nuestro aventajado alumno obtuvo, según se  ha sabido, la calificación de matrícula de honor. Vale.</p>
<p align="right"><strong> CINCO DÍAS<br />
Madrid, 29 de julio de 2005 </strong></p>
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