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	<title>La güé de Rafael Martínez-Simancas &#187; ociocritico.com</title>
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	<description>Insolencia Pasajera</description>
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		<title>La cultura del error es un género por descubrir</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Aug 2004 09:34:34 +0000</pubDate>
		<dc:creator>laavutarda</dc:creator>
				<category><![CDATA[Libros]]></category>
		<category><![CDATA[Rafa en la prensa]]></category>
		<category><![CDATA[entrevista]]></category>
		<category><![CDATA[ociocritico.com]]></category>

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		<description><![CDATA[Por: EMILIO LAHERA Rafael Martínez-Simancas lleva más de veinte años ejerciendo el oficio de periodista. En el año 2001 obtuvo la Antena de Oro por la dirección creativa de Onda Cero y por el resumen de tertulias que hacía en La brújula del mundo, con Victoria Prego. Es también columnista de El Mundo, La Gaceta [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Por: EMILIO LAHERA</p>
<p>Rafael Martínez-Simancas lleva más de veinte años ejerciendo el oficio  de periodista. En el año 2001 obtuvo la Antena de Oro por la dirección  creativa de Onda Cero y por el resumen de tertulias que hacía en La  brújula del mundo, con Victoria Prego. Es también columnista de El  Mundo, La Gaceta de Salamanca y el Boletín de la Tarde. Acaba de  publicar el libro Estoy en el candelabro, editado por La Esfera de los  Libros.</p>
<p>Pregunta: Oiga, ¿es tanta la estulticia existente?</p>
<p>Respuesta: Sin duda que usted, audaz periodista e informado crítico,  intuye la respuesta: sí? es mucha, es tremenda, es apabullante, es como  un eco de botellas de gaseosa vacías, es nada de ida y vuelta. La  estulticia más que inundar, pringa. Caer en sus redes es peligroso: uno  se deja el cerebro en casa y a partir de ahí todo es terrible. Ahora  bien, entre la estulticia hay grandes pensamientos, no olvide que la  cultura del error es un género por estudiar. Me refiero a esa gente que  acierta cuando se equivoca.<br />
<span id="more-387"></span><br />
P: ¿Hay que prever que será aún mayor con Internet, con su rapidez de expansión, cual de un virus se tratara?</p>
<p>R: Internet es un camino muy interesante, ahí he encontrado gran parte  del material para el libro. Parece que si no tienes una página &#8220;güé&#8221; no  eres nadie, y efectivamente así será dentro de poco. Le animo a que  visite algunas &#8220;güés&#8221; de funerarias de América. Verá qué agradable es  oír cómo se abre un ataúd para que nos muestren su acolchado interior.  Luego están las salas de charla, los llamados chat. Una vez entré en uno  de poesía y copié versos de San Juan de la Cruz, nadie se dio cuenta y  alabaron mi original estilo. Internet más que virus a veces tiene  ladillas informáticas. Las chorradillas de andar por casa cobran  dimensión de pensamiento gracias a la universalidad de Internet.</p>
<p>P: ¿Se ha dado cuenta de que su libro es subversivo?</p>
<p>R: ¡Sin duda! Escribir es además de subversivo algo clandestino teniendo  en cuenta el pobre índice de lectura. Pero he tenido suerte (vamos a la  segunda edición), por lo tanto he dado con el sector pensante de la  sociedad. Somos un reducto como el poblado de Astérix, unos pocos que  resistimos el avance de las tertulias rosas y los programas deportivos.  Hay que ser subversivo, en otro caso te conviertes en un trozo de carne  animada.</p>
<p>P: Usted reivindica la inteligencia contra el &#8220;idiotil&#8221;. ¿No va a contracorriente, no es peligroso?</p>
<p>R: A los grandes héroes de mis lecturas adolescentes no le importaba el  riesgo, al revés, les incentivaba. Lo &#8220;idiotil&#8221; es una mancha de  contaminación en nuestro horizonte diario. Apliquemos el protocolo de  Kyoto de reducción de gases a los que emanan estupideces. ¿Sabía que  Bruselas dictaminó una normativa para controlar los escapes de metano de  las vacas? Pues lo mismo. También en las bobadas hay metano  concentrado.</p>
<p>P: En su libro de usted, la amargura trasciende la ironía. ¿No será usted un &#8220;amargao&#8221;?</p>
<p>R: He leído una crítica del libro en el que lo comparaban con un gran  circo: atracciones, payasos, fieras, saltos increíbles, pero al final  una carga de tristeza. Es una visión acertada, el buen humor es  chocolate amargo. La risa inteligente lleva a la reflexión y de ahí a  sospechar que no todo es tan bonito. En cuanto a si soy un &#8220;amargao&#8221;,  usted mismo. Eso sí, a mi la sonrisa no me la quita nadie. Ya sabe que  un pesimista es simplemente un optimista bien informado.</p>
<p>P: Del &#8220;Tercer mundo&#8221;, sin embargo, hay pocas &#8220;perlas&#8221; en el libro:  ¿hablan menos los de allí o es que no tiene usted antena parabólica para  escucharlos?</p>
<p>R: Hay una, la brutalidad que dijo Idi Amín Dadá: &#8220;No me gusta la carne  humana, me resulta demasiado salada&#8221;. Si tenemos en cuenta que este  personaje se comía a sus opositores, la frase es la más dura del libro.  En el tercer mundo bastante tienen con sobrevivir. La chorrada mediática  nos pertenece a nosotros, a los que consumimos mensajes bastante  bobalicones. Pero sin duda que los gobernantes de esos países son gente  que aportaría grandes cosas a la cultura del error, pero no les entiendo  porque casi siempre tienen la boca llena con el muslo de algún  opositor.</p>
<p>P: ¿Se da ya la cuota igualitaria de &#8220;idiotil&#8221; entre los géneros, igual que en el gobierno?</p>
<p>R: Totalmente de acuerdo. El género no es excusa para no caer en la  estupidez manifiesta. La pifian por igual ellos que ellas,  independientemente de su nivel social y su filiación política. Los que  más riesgo tienen son los que más hablan. El sexo no es una división  para la estulticia, dejemos el sexo para otras cosas más interesantes;  además no conozco a nadie que hable con su sexo? salvo unas cosas que me  han contado que hacen en Tailandia.</p>
<p>P: ¿Por qué la presentación de su libro responde a la de un libro  divertido cuando es para echarse a llorar, cual si las letras fueran  lágrimas?</p>
<p>R: ¡Y dale con que el libro es de llorar!, así no vendo ni uno. Más que  el llanto lo que propongo es la compasión en algunos casos, la  complicidad en otros, y el buen humor en todos ellos. No se trata de  zaherir al personaje sino de sacar consecuencias propias. Si se fija  bien, estas frases son del dominio popular pero nadie se había atrevido,  hasta el momento, a realizarles la autopsia. También se puede llorar de  risa aunque si te hacen una foto, en ese momento, sales con cara de  estreñido con carnet de manipulador de alimentos.</p>
<p>P: ¿Se siente influido por la mano de Gómez de la Serna, la de Miguel  Mihura, la de Jardiel Poncela&#8230;O de todas juntas? Lo digo porque sus  textos tienen la mordacidad de Jardiel y la sabia distancia de D. Ramón.</p>
<p>R: ¡Ole!, gracias, tenga por seguro que agradezco su amable comparación.  En serio: su comentario es de lo más acertado. En todos ellos he  nadado, en su piscina mojé mis pies cuando no sabía escribir y años más  tarde me zambullí a pleno placer. Salvando las distancias, al final del  libro incluyo unas pequeñas perlas que son greguerías de los nardos. Por  ejemplo: &#8220;Cuando nadie tiene nada que decir, viene uno y suelta lo  suyo&#8221;.</p>
<p>P: ¿Comparte usted la opinión de que &#8220;Las mujeres y las espadas adquieren toda su importancia cuando están desnudas&#8221;?</p>
<p>R: En ese momento ambas son peligrosas. El torero, que está acostumbrado  a lidiar con la muerte, lleva la espada en una funda hasta que llega el  momento de la verdad. Antes que yo Benedetti ha dicho que una mujer  desnuda ilumina toda una estancia. La verdad es que no sé nada de  espadas, pero me apasiona ver las siluetas de mujer cuando entran en un  cine con la proyección empezada. Ahí todos los cuerpos me resultan  gloriosos. A veces, para el amor demasiada luz es una falta de  prudencia. Por otra parte, hay peligros a los que la vida te invita con  una sonrisa, ¿y quién no se ha cortado con el filo de un mal amor?</p>
<p>P: Hay que suponer que usted ha sido alguna vez amante, bien activo o  pasivo, da igual; lo que nos gustaría saber es si alguna vez ha dicho  eso de &#8220;Te voy a comer las pelotillas de los dedos de los pies&#8221;.</p>
<p>R: No, porque no me considero un poeta; pero a partir de ahora en la  primera ocasión que tenga, aunque sea en un encuentro oficial con el  Nuncio de Su Santidad, créame le voy a copiar la frase. Para que no  parezcamos caníbales de la pasión, déjeme que le diga que hay sudores  (de las personas que amas, claro, no del repartidor de pizza) que se  deberían vender en frascos. El amor es muy caníbal.</p>
<p>P: ¿Para qué sirve una corbata, además de para intentar ahorcarse?</p>
<p>R: Para marcar distancia en la empresa si uno es ejecutivo de postín, o  para ahogarse, efectivamente, si le han invitado a una boda pero no  tiene costumbre de &#8220;abrocharse&#8221; el nudo. Siento una enorme compasión por  las personas que se dejan la pala corta y el nudo muy gordo. Esas  corbatas de esternón son a España lo que la silueta del toro de Osborne:  un monumento nacional. La corbata tiene otra utilidad: atrae a la sopa y  a los guisos con mucha salsa. Forma parte de la Ley de la Gravitación  Universal de Newton.</p>
<p>P: Es usted un hombre de radio, sobre todo de radio. ¿Qué tal está la radio? ¿Y los radiohablantes?</p>
<p>R: La radio hoy es parecida a los monasterios de la Edad Media, el  último reducto donde se guarda la inteligencia. Soy un consumidor de  radio, de todo tipo de radio. En las llamadas de los oyentes está la  España real que vota, los políticos son tan torpes que no las escuchan.  Me apasiona el tiempo de las llamadas de Luis del Olmo, igual aparece un  catedrático de Física Cuántica que un representante de calzados con  alzas.</p>
<p>P: ¿Qué opina de las familias numerosas?</p>
<p>R: De entrada que son muchos, y luego que son gente unida y solidaria.  El egoísta suele ser hijo único, todo aquel que haya compartido un  cuarto de baño con sus hermanos pequeños sabe lo que es la cooperación  internacional.</p>
<p>P: ¿Cree que el mundo estaría peor sin su libro?</p>
<p>R: Sin duda; este libro aporta grandes claves para la historia de la  Humanidad. Recomiendo fervorosamente su atenta lectura y su compra. Así  conseguirán pasarlo bien, distraerse, criticar a los personajes y con el  dinero que se recaude de las ventas harán rico a su autor (cuestión que  les agradecería por encima de todas las cosas).</p>
<p>P: ¿A quién piensa votar en las elecciones del próximo noviembre?</p>
<p>R: Creo que no me da tiempo a nacionalizarme ciudadano estadounidense,  pero en todo caso, nunca a George W. Bush. Además de un estafador me  parece un tipo peligroso. Me gustan más los candidatos demócratas porque  parece que van todos al mismo dentista. Es fascinante cuando suben a  los niños al estrado, ¡también a ellos les brillan los dientes igual de  blancos!</p>
<p>P: ¿Qué prenda, qué libro y qué ave (y por qué) se llevaría usted, cual Robinson Crusoe, a una isla desierta?</p>
<p>R: Para &#8220;prenda&#8221; yo mismo? pero si es un asunto textil le diría que una  gorra. Nadie con una gorra puede estar completamente desnudo. En las  películas de vaqueros de mi infancia nunca perdían el sombrero, hágase a  la idea. Un libro: La Forja de un Rebelde de Arturo Barea? o quizá unas  Páginas Amarillas para buscar un helicóptero de rescate. Y un ave: una  avutarda, por su vuelo grácil y la mala uva que tienen. Además creo que  la avutarda y yo tendríamos grandes conversaciones acerca de la obra de  Noam Chomsky.</p>
<p>P: ¿Qué opina del Comité de sabios de TVE?</p>
<p>R: Eso si que es realmente divertido. Creo que están a dos telediarios  de inventar la Carta de Ajuste. Lástima que sus deliberaciones no se  transmitan en directo, como las comisiones parlamentarias. Lo más  curioso es que, mientras ellos reflexionan, la deuda del Ente crece y  los espectadores se escapan. Un comité de sabios de TVE es como hacer  taichí con el timón del Titanic minutos antes de pegársela contra el  iceberg. Aunque quizá en mis palabras hay envidia porque no me han  invitado a &#8220;pensar&#8221;. Cuando vea a Urbaneja se lo pienso decir, además de  recordarle que en la Asociación de la Prensa de Sevilla dan un jamón en  Navidad, y en la de Madrid &#8220;que si quieres jamones, chato&#8221;.</p>
<p>P: ¿Le ha sobrado material para sucesivos tomos, para una enciclopedia, quizá?</p>
<p>R: Aunque le parezca mentira continúo mi labor franciscana de recopilar  frases. Al cerrar el libro no terminé con esa pasión. A unos les da por  coleccionar mariposas y a otros perlitas. No está mal la idea de hacer  la Enciclopedia Mundial de la Estupidez, (por supuesto habría que  empezar a leerla por el final y las hojas se desencuadernarían al  pasarlas). Pero tamaña obra, a la altura de las pirámides de Egipto, no  se puede hacer solo. Le invito a usted para que se una a la avutarda, y a  mí, para iniciar los cimientos del proyecto. Cosas más tontas se han  convertido en dogmas de fe.</p>
<p align="right"><strong> OCIOCRITICO.COM<br />
MADRID, 4 de agosto de 2004 </strong></p>
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		<title>Diferentes formas de combatir el calor</title>
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		<pubDate>Wed, 04 Aug 2004 00:00:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>laavutarda</dc:creator>
				<category><![CDATA[crítica]]></category>
		<category><![CDATA[ociocritico.com]]></category>

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			<content:encoded><![CDATA[<p>Por: EMILIO LAHERA</p>
<p>Ser o no ser, estar o no estar, dónde, cuando, con quién. Infinitivos negados por la reflexión que convierte en dudosa cualquier identidad, cualquier paisaje, cualquier lugar en el tiempo, huidizo como el llanto de los niños cuando todavía no saben quiénes son y todavía no saben que el estar tiene una negación con terrible nombre propio como es el de Ausencia. Estoy en el candelabro es el título del libro de Rafael Martínez-Simancas por el que hemos pasado los ojos para que nuestra mente se desperezara del calor; también sobre Las Américas, otro interesante texto de Felipe Fernández-Armesto, en el que revisa el devenir histórico de aquel vasto continente que se conoció como &#8220;Las Indias&#8221;. Dos propuestas de lectura muy diferentes. </p>
<p>Título: Estoy en el candelabro <br />
Autor: Rafael Martínez-Simancas<br />
Editorial: La Esfera de los Libros<br />
Precio: 16 ?</p>
<p>Rafael Martínez-Simancas (no confundir con el otro, a quien le falta nada menos que el período de la izquierda del guión: Martínez, entre otras cosas porque éste estaba aquí antes) es alto pero no rubio, por lo que nunca se podría equiparar a la cerveza; en realidad es calvo, desde muy temprana edad; pero, en su caso, la calvicie tiene dos consecuencias: una, que de él nadie podrá decir nunca -como se puede decir de muchos con poblada cabellera, e incluso calvos- que tiene la cabeza sólo para peinarse; dos, que permite ver el brillo de su bruñido cráneo, un brillo que no se debe al uso de lociones especiales sino, estrictamente, al talento. Por lo demás, es un ser muy poco normal, exceptuando que es periodista; aunque también ahí se desmarca: es un hombre de radio y, sin embargo, habla poco; y escucha mucho, quizá más de lo conveniente para su salud; muchas de las cosas que nos gustan de algunos programas de radio que llevan afamados &#8220;conductores&#8221; se deben a él, quien, más que hablar, trabaja en la luminosa penumbra de la creación radiofónica. En la foto de la solapa del libro nos mira directamente en primer plano y, aunque parece que sonríe, en realidad se está riendo; solo que la carcajada está encerrada -por si acaso- en un gesto hermético e indescifrable que puede llegar a turbar a quien nunca haya realizado ese complicado ejercicio. </p>
<p>Nos trae ahora un libro, Estoy en el candelabro, que subtitula Y otros nardos en la palabra, en nada escondido homenaje al desaparecido Lázaro Carreter. Son 300 páginas sembradas de escogidos &#8220;nardos&#8221; pronunciados por la boca de todo tipo de gentiles del mundo entero, desde Jeb Bush a José María Aznar, Idi Amín Dada, el príncipe Felipe, Fidel Castro, Alfonso Guerra, Richard Nixon, David Bustamante, Esperanza Aguirre, Silvio Berlusconi, Mar Flores, Ana Obregón, Victoria Adams y otros muchos personajes y personajillos de la apasionante historia de la que formamos parte; el título del volumen se debe a Sofía Mazagatos, que en un momento de lucidez articuló: &#8220;Me gustan los toreros que están en el candelabro&#8221;, frase más o menos de la misma gloriosa época en que nos regaló otra tal &#8220;Me encanta cómo escribe Vargas Llosa. No he leído nada de él pero le sigo&#8221;. Épicas expresiones de legítimos deseos y satisfacciones de un personaje que, merecidamente, está también en el candelabro. </p>
<p>El conjunto de las frases recogidas (cuya selección imaginamos ha debido ser una labor difícil dada la cantidad de tela que hay para cortar), bien que tiene su enjundia, no es lo más interesante del libro, sino los textos que motivan en la pluma de Martínez-Simancas. Son textos de dos, tres o cuatro páginas en los que lleva a cabo un desguace de la frase, un recorrido por las íntimas motivaciones que la generan o la pueden generar; una disertación bien histórica, sentimental, psicológica, emocional o sociológica, pero siempre con un afilado sentido del humor, nunca bastardo y chabacano sino culto; y, por si fuera poco, excelentemente escrita en la lengua de nuestros mayores. </p>
<p>De tal manera, el mayor interés radica, como decimos, en el trabajo de desmantelamiento y disección debido a la originalidad del tratamiento en el que se mezcla el imaginario del autor con otros como el de Jardiel Poncela, Gómez de la Serna e incluso el de Cela antes de que Cela perdiera interés. Los apóstrofes que lanza como dardos se transforman en nardos precisamente porque el autor practica la piedad y la bonhomía, una actitud que aflora desde la sabiduría de entender que el asunto es incorregible, que no tiene remedio y que lo peor está todavía por venir. Hay, pues, un toque de amargura cual es la del observador ya impasible a fuerza de ver el estado del patio del mercado de la aldea global. A través de sus textos se puede conocer a un autor, averiguar sus fobias y sus filias; y en este caso, deducir que, para su mal, es un librepensador sin ataduras a quien tampoco la situación le subleva porque poco espera ya de la estulticia; en realidad se ha convencido de que no debe esperar nada, y, por no esperar no espera ni al autobús, del que, de hecho, parece haberse apeado hace rato como quien se apea del mundo.</p>
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