El llanero solitario

Por: RAFAEL MARTÍNEZ-SIMANCAS

Ignacio González es un tipo de trato cordial y de excelente sentido del humor, una persona con la que se puede conversar de todo, ¡incluso de temas que no son políticos!, (prueba de su inteligencia). Pero el jueves apareció en tromba en la sala de prensa de Sol y arremetió contra el Gobierno central por todos los motivos presentes, por algunos del pasado y quién sabe si dejando avisos de futuro. Sus razones tendrá, pero el ciudadano entiende mal que los políticos no sean capaces de llegar a acuerdos y que estén a la greña con Carme Chacón que acaba de llegar al despacho. Si los políticos no dan ejemplo de diálogo que luego no se lo exijan a la sociedad crispada.

González iracundo era el llanero solitario, al terminar su alocución sopló sobre sus dos revólveres y los volvió a guardar en el cinto.

A veces da la sensación de que el ejecutivo de Aguirre está más pendiente de sus peleas con Zapatero que de vender sus logros en la Comunidad. A empellones se avanza poco y de manera muy cansada.

Propóngase cuantas medidas se crean pertinentes en defensa de los madrileños pero no se ponga de escudo a la población. Por culpa de estos desencuentros que llevan camino de convertirse en un clásico las obras de Sol, por ejemplo, se eternizan.

Seguro que González, persona de buen genio como me consta, recapacita y se aviene a razones. Hacer el papel de duro tiene sus momentos ingratos. Hasta Alfonso Guerra era más sutil con la maldad, sin duda.

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