Entradas en octubre, 2009


La memoria fotográfica

octubre 31st, 2009 - General - 2 Comentarios

Igual que pasa en las fotografías antiguas la memoria pierde el centro de la imagen y se queda con los detalles. Pasado un tiempo, no sé cuánto porque el proceso del olvido no hecha humo por el tubo de escape, dejamos de recordar lo que fue y la memoria se llena de estampas desordenadas y sueltas.

La memoria no es una suma de fotogramas, no es la Filmoteca Nacional, sino apenas un cajón desordenado donde los pretéritos se solapan unos con otros.

Esta cabrona memoria es la que nos esconde los discos que nos gustan y la que manda al fondo de la estantería esos libros que quisiéramos tener presentes pero que se ocultan para confundirnos. Si no tuviéramos memoria no habría ni melancolía ni polvo en las estanterías. Y no me acordaría de tí ahora mismo, ¿Qué día de la semana fue cuando nos hicieron la última foto juntos?, ¿Tú fuiste o mandaste a una representación de tu cuerpo mientras tu alma estaba en otros asuntos?, ¿Sonreiste con cara de foto, o mantuviste los ojos abiertos para no salir con gesto de adormecida?

En ese ayer todos los días son sábado por la tarde.

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La banda del super

octubre 26th, 2009 - Sin categoría - Sin comentarios

Por: RAFAEL MARTÍNEZ-SIMANCAS

La complejidad de los robos en los supermercados, tanto en el interior como en sus aparcamientos, obliga a una reflexión acerca del peligroso oficio de ir a por unas naranjas y pan de molde en Madrid. El grado de perfeccionamiento del delincuente es tal que haría bien la Ministra Salgado en crear, (junto a su aplaudido batallón de “facilitadores de crédito”, el de “agentes de los ultracongelados”). Unas clases de defensa impartidas por jubilados del CNI evitarían robos en taquillas y en vehículos. Si los delincuentes suben el nivel lo suyo es que los consumidores podamos defendernos en igualdad de circunstancias para no acabar sintiéndonos atuneros en aguas del Índico por el simple hecho de bajar al supermercado a por leche y jamón york. Dejar el bolso en una taquilla es la antesala de la ruina puesto que los ladrones se las apañan para tener otras llaves, por el precio de una copia se hacen con unos objetos de mayor valor y sin fuerza en las cosas lo cuál impide que sea robo y se queda en categoría penal de hurto, (poco si llegara al juzgado donde sería resuelto con lentitud y sin proporcionalidad entre lo hurtado y lo repuesto). Tampoco los aparcamientos están a salvo de las modernas tácticas de actuación de las bandas que funcionan como pequeños comandos dotados de estrategia y planes alternativos. De ahí el pasmo de la cajera cuando dos tipos pasan delante de ella cargando una televisión de plasma como el que transita por una calle en hora punta; sí le hacen eso a la casa Philips se pueden imaginar lo que harán con nuestras pertenencias. Otra solución es que la delegada del Gobierno, la siempre expresiva Amparo Valcarce, grabe unos espacios al estilo “bricomanía” en el que se expliquen cómo defenderse de los pillajes sin que resultemos timados, heridos o ambas cosas a la vez. De aquellos levanta-carteras del metro, personajes light del hampa, hemos pasado a auténticos atracadores con estudios elevados, tipos que han perfeccionado sus técnicas en las mejores academias del Mal. Unos prendas que nos esperan a la vuelta de la esquina, igual que “El Pernales”, para interesarse por “la bolsa o por la ensaladilla”.

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Los Ángeles de Helen

octubre 24th, 2009 - Sin categoría - Sin comentarios

Por: RAFAEL MARTÍNEZ-SIMANCAS

Rajoy llevaba unos días escondido tras el biombo de Alarcón, (ese confesionario móvil para encuentros secretos), cuando Elena Salgado le dio oxígeno en el debate de Presupuestos. Mal empezó la semana la ministra y luego la remató con una oferta algo surrealista, la creación de un batallón de jubilados con la misión de mediar entre la banca y los autónomos. El nombre responde al trabalenguas de “facilitadores de crédito” y no es otra cosa que “Los Ángeles de Helen” pero cambiando a Charlie por Helen y ya está. Un comando de acción inmediata que cogiera a los directores de sucursal por la solapa hasta hacerlos entrar en razón, lo que argot del hampa se conoce por “poner suave” a un banquero. La misión es asaz arriesgada: “buenas, que llamo de parte de Helen, que se ponga don Emilio Botín a ver qué pasa con ese crédito”. La Asociación de Profesionales Financieros ha puesto el grito en Niza, (donde se le ha descubierto una propiedad inmobiliaria a Elena Salgado de cierto valor, nada de una VPO de las que se entregan en sorteo de polideportivo). Ese cuerpo de elite tendría sentido si Helen contara con José Ignacio Goirigolzarri, el hermano mayor de los prejubilados de España, o con los Albertos que tan eficaces son para sus cuentas. Desde luego con Solbes y con Solchaga que no cuente. Quizá estamos ante en un nuevo esfuerzo inútil que conduce a la melancolía, o en su defecto al exilio de Niza donde, por cierto, acabó sus días la Bella Otero arruinada y sin jubilado que le leyera la cartilla.

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Inocencia desmantelada

octubre 20th, 2009 - Sin categoría - Sin comentarios

Por: RAFAEL MARTÍNEZ-SIMANCAS

El primer día de la vista por el asesinato de Carlos Palomino el juez le enseñó el dibujo de una cruz gamada a Josué Estébanez, y éste afirmó que nunca la había visto, o en todo caso en la película “Salvad al Soldado Ryan”. Josué negó todo aquello que ahora el tribunal considera probado y le condena con el agravante de odio ideológico que no es de uso frecuente en las sentencias españolas. El auto considera probado que Josué pertenece a grupos de extrema derecha y que entró en el metro con la malvada intención de cobrarse una pieza humana. De nada le ha servido decir que el cuchillo de siete centímetros era para unas maniobras militares, o que la sudadera de simbología nazi era el regalo inocente de un amigo, o que jamás sus labios habían pronunciado un “sieg heil”.
A favor de la acusación estaban las cámaras del metro que captaron la agresión a Carlos Palomino y los momentos previos cuando Josué esconde el cuchillo en el dorso de su brazo para, posteriormente, golpear a su víctima con la calculada frialdad de alguien que está acostumbrado a manejarse por el filo de la navaja. El corte fue seco, rápido y definitivo: Palomino no tuvo tiempo de reaccionar antes de que se le cerraran los ojos en el andén. Sin las imágenes la acusación lo habría tenido más complicado porque su defensa consistía en que había actuado motivado por un miedo insuperable al verse rodeado de gente que le increpaba. “Morro insuperable” como queda probado y cuyas consecuencias segaron la vida de un adolescente.
Josué negó su culpa hasta el último día del juicio cuando apenas emitió dos frases de perdón. Hasta ese momento intentó pasar con el traje de camuflaje de un buen chico que se había metido en la boca del lobo de manera inocente. Queda probado que salió de cacería y que pensaba actuar en defensa de una ideología tan reprobable como antigua y perversa. En la Alemania de los años treinta hubo miles de “josués” que se divertían corriendo judíos por las aceras como principal actividad de ocio en las tardes de los domingos.
Es una sentencia ejemplarizante que puede servir para futuras agresiones. Josué mató a Palomino y de paso se ha destrozado la vida. Ya se le puede llamar condenado.

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A los pies de Madrid

octubre 16th, 2009 - Sin categoría - Sin comentarios

Por: RAFAEL MARTÍNEZ-SIMANCAS

Esta ciudad la inventaron unos hispano-árabes que se asentaron alrededor de una muralla a la espera de que Casa Mingo abriera para comer unos pollos, pero realmente Madrid existe desde que se creó el metro, la única gran obra civil que le faltó a Carlos III para ser el mejor alcalde. Sin el metro no podríamos responder a las preguntas: “¿dónde quedamos?”, “¿voy bien para Príncipe Pío?”, “¿esta línea lleva al aeropuerto?”, “yo me bajo en la próxima, ¿y usted?”.
Se trata de una larga y casi centenaria relación entre el suburbano y los madrileños, es una historia que empieza con baldosines pintados a mano y que llega hasta las modernas escaleras mecánicas que se cruzan en las estaciones claves formando uno de aquellos dibujos que nos dejó el zurdo holandés M.C. Escher. Todo lo que ha pasado en Madrid ha ocurrido en el metro, un servicio público que inauguró un rey y que ha servido para hacer manitas, para refugio de bombas, para cobijo de mendigos y para transporte de ejecutivos, soldados, trabajadores, niños y músicos de cuerda y púa. Una historia que comenzó con unas mulas de carga y que se cierra, de momento, con unas cabinas de conductor que no tienen nada que envidiar en botones a un avión moderno. Quizá sea eso sólo lo que le falta al metro: volar.
Todos somos conocidos de estación, caras que te suenan a la hora de siempre en el mismo andén de costumbre. A la vez que el madrileño, el metro ha crecido en longitud, si alguna vez tuvieran que elegir el monumento de Madrid ése tendría que ser la escalera de Sol que emerge entre Mayor y Arenal, y que levante la mano quién no la haya transitado nunca.
A lo largo de noventa años el metro ha sido el mejor termómetro social del momento, sí uno quiere ver el reflejo del PIB no tiene más que pagar el precio de un billete para hacer una inmersión en la realidad sociológica. En las viejas fotos en blanco y negro se ven las caras de angustia de los que se refugiaban en el andén de Gran Vía a esperar que pasaran los bombardeos de la escuadrilla de García Morato; allí están tumbados sobre mantas unos niños que se arremolinan alrededor de su madre, más allá un hombre con sombrero y al fondo un anuncio de anís de Rute. De esas fotos nos llega el olor a miedo y el aroma a puchero de necesidad con el que mitigar las horas quietas. Luego entraron los nacionales y tomaron todas las líneas con sus camisas azules y sus bigotes recortados, ellos son los que crearon la moda de reservar asientos “a caballeros mutilados”, (consecuencia atroz de la guerra). Esos vagones sonaban a hierro sólido, como si alguien quisiera hacer un zumo con la Torre Eiffel. Había entonces conductor y ayudante de puerta, un empleado que entre capítulo y capítulo de novela de Marcial Lafuente Estefanía asomaba la cabeza al andén y amagaba con cerrar antes del último respiro hidráulico que anunciaba la inminente partida. Por esos pasillos se arrojaron octavillas de ciclostil cuando no había libertad de expresión, y merodeaban los guardias a la caza del rojo que llevaba rigurosa trenka con capucha. A falta de mobiliario decorativo se instalaron músicos que tocaban por Joan Baez o como Bob Dylan, y que dejaban versiones acústicas del “blowin´in the wind” que hacían más amable la caminata acelerada del trasbordo. Otra norma no escrita es que hay que bajar deprisa las escaleras e intentar colarse en el vagón, cuestión que con la edad se hace más difícil. Y, entre convoy y convoy, se han cruzado palabras de amor, números de teléfono, abrazos y despedidas de domingo que parecían para siempre.
El metro de Madrid fue conducido por soldados de quinta en una de sus huelgas, y también por la autoridad pertinente que inauguraba nuevos tramos. Sus laberintos iluminados podrían comunicarnos con la China, y a veces parece que es cierto si pasas por Antón Martín. Yo he visto un día a Pedro Duque, el astronauta, bajarse en la estación de Banco de España; iba de paisano, sin la escafandra porque aunque el agujero es profundo también rigen los principios gravitatorios de Newton. Y luego están los túneles oscuros en los que es fácil adivinar la presencia de ratas ciegas que se echan a un lado cuando pasa el tren iluminado. Todo eso forma parte de un Madrid sumergido que hubiera hecho las delicias de Julio Verne y que asoma el periscopio en marquesinas modernitas que acaban en una acera que siempre es playa aunque aquí no tengamos mar.
A falta de una máquina del tiempo que nos diga cómo van a ser los próximos noventa años del metro tenemos la moderna estación de Sol donde trenes y suburbanos se cruzan en su laberinto. Allí es posible encontrarte con un alumno de conservatorio que va con el instrumento guardado en su caja rumbo a Ópera, y con un guiri que lleva las maletas camino a Barajas. Si tienes suerte te puedes sentar y soñar con los ojos cerrados, casi siempre vencido por el cansancio. Es el traqueteo casi centenario de un convoy que repite la tradición de seguir el curso paralelo entre dos vías de hierro.

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Pitos en La Castellana

octubre 12th, 2009 - Sin categoría - Sin comentarios

Por: RAFAEL MARTÍNEZ-SIMANCAS

Fue Chicho Ibáñez Serrador, nuestro genio nacional de la pequeña pantalla, el que inventó un programa llamado “El Semáforo”. Salvo la presencia de un tal “Cañita Brava” que por ahí andará haciendo bolos de cómico por clubes de carreteras comarcales, el programa no descubrió grandes talentos pero sí aportó una técnica nueva: el ruido como reconocimiento del mérito. Según era la bronca en el plató así era juzgado el concursante, hubo ocasiones memorables en las que los técnicos de sonido se las vieron canutas para rebajar decibelios. “Mutandis mudandi” podríamos aplicar este sistema de medir audiencias a los desfiles en La Castellana. Es de imaginar que si el público que el lunes abucheó a Zapatero hubiera ido con cacerolas en vez de con banderas, el resultado habría sido mucho más llamativo, aunque igual de penoso.

El alcalde de Madrid no suele pronunciarse acerca de cuestiones de política nacional porque él está en otro plano de la realidad. Gallardón es un personaje de Huxley, es un alfa y no comenta lo que les pasa a los gamma porque para eso tiene su “mundo feliz” aparte. Pero en la cuestión de los abucheos en La Castellana ha estado lucido: ni era el sitio, ni eran las formas, ni era el momento. Decía Gallardón que lo podrían dejar para otro día, a lo que Carmen Chacón dijo en coña: “pues entonces serán dos”.

Si bien la gestión del presidente del Gobierno merece ser criticada cuantas veces corresponda, porque para eso es el presidente, lo que no se puede consentir es que el alboroto estropee un día de Estado. No era un acto del Gobierno sino un acto de todos para rendir homenaje a nuestro ejército, (nuestro en la medida en la que siempre ha estado nutrido por los hijos de la Patria, fuera cual fuera la circunstancia y podemos recordar muchas de ellas y muy penosas).
Allá cada uno con su conciencia pero el acto se merecía otro sentido y mejor estética.

Los “pitantes” en La Castellana lo que hicieron fue participar en un gran acto de mala educación, sencillamente.
No es aconsejable convertir la democracia en otro capítulo más de “El Semáforo”. Y mucho menos cuando se trata de evidenciar que España somos todos, los que pitan y los que no, los que votan y los que se abstienen, los que siembran vientos y luego recogerán tempestades.
Dicho lo cuál muestro mi admiración y cariño a mis compañeros que desfilaron en La Castellana en representación de las desaparecidas “Tropas Nómadas” del Sahara. Para el coronel Lobo mi enhorabuena, otro año más.

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Toque de queda

octubre 12th, 2009 - Sin categoría - Sin comentarios

Por: RAFAEL MARTÍNEZ-SIMANCAS

Pocos lugares hay tan libres en Madrid como El Retiro, entre sus árboles siempre se ha hecho “la real gana” desde que dejaron de ser real coto de caza. Inclúyase en ese apartado el de amantes/quiromantes, (ambos trabajan con las manos), también el de poetas/porretas, (ambos en estado de alienación de la realidad), y el de músicos afinados o no. En este último capítulo se encuadran los seguidores de los tambores de Calanda que en homenaje a Buñuel aporrean al atardecer. No es la selva, es Madrid.
Durante treinta años los amantes de la percusión se han reunido entorno a la estatua de Alfonso XII. Si tenemos en cuenta que la estatua es, hoy, igual de sorda que hace tres décadas, llegaremos a la certeza de que no es el anciano rey el que se queja sino el concejal de turno. A partir de ahora, bajo la amenaza de “multa gorda”, (como se dice en el lenguaje de los tebeos), todo aquel que toque en El Retiro se las verá con la autoridad im-pertinente. De momento no se ha recibido queja alguna de las ardillas del Retiro, tampoco de los taciturnos. No hay registro de movimiento sísmico dominical provocado por los amantes de los tambores.
Ahora bien, en el caso de que aspaventaran a algún paseante y molestaran con su percusión, sería mucho mejor aplicar la sordina antes que prohibir, verbo que en El Retiro desde aquellos tiempos de guardas con mosquetón se ha conjugado mal.

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Regreso al futuro

octubre 5th, 2009 - Sin categoría - Sin comentarios

Por: RAFAEL MARTÍNEZ-SIMANCAS

Gallardón, como el doctor Emmett Brown, ha regresado del futuro por la puerta de salida de la T4. Igual que “Doc”, el alcalde de Madrid volvía con más canas y esa cara de asombro que tienen los científicos cuando no les salen los experimentos. Su máquina del futuro no arrancó por muy poco, ahora le toca enfrentarse a los viejos problemas que dejó aparcados en el cajón del pasado. El buen rollo olímpico se terminó, y de aquel abrazo a Esperanza Aguirre en Copenhague hemos pasado a estas zancadillas en Madrid.
Caprichos del destino el juez resolvió a favor del recurso presentado por el Ayuntamiento en Cajamadrid justo cuando el alcalde le daba dos besos apretados a la “gobernadora” de la región. La medida que paraliza la elección del presidente llegó del todo inoportuna en esa cuenta atrás que se vivió en la Plaza de Oriente y que tenía mucho de celebración de la Nochevieja en la Puerta del Sol. A veces el destino galopa cuando menos se espera y acerca la realidad en el momento más inoportuno.
El alcalde salía por la puerta de pasajeros mientras que Rajoy y Esperanza Aguirre optaron por hacer lo propio por la de autoridades. Gallardón en solitario arrastraba la maleta roja como el que lleva el pasado con cierta lástima. Rajoy, visto el “tongazo” de Copenhague, seguro que le hubiera venido mejor quedar con Gallardón en algún parador a mitad de camino entre Madrid y la capital danesa, (o en su defecto en uno de los castillos del Loira). En este regreso al futuro el alcalde se va encontrar con la oposición de su partido en la región a la subida de las tasas de basura en la capital. No ha caído muy bien que justo cuando se critica la subida de impuestos de Zapatero, (“temporal y limitada”), Gallardón haya roto el techo olímpico de la recaudación municipal. Algo tan poco oportuno que el portavoz socialista, David Lucas, tuvo que hacer una cabriola verbal para denunciar lo impropio de una subida de impuestos en tiempos de crisis… y que no pareciera del PP al decirlo.
Añádase a esta situación incómoda el natural mosqueo de los vecinos que tienen obras relacionadas con la causa olímpica y se preguntan qué será del barrio ahora. Todo ello provoca un jet-lang desagradable entre presente, futuro y pasado mezclado con recursos y con viejos amigos. Al alcalde le hace falta tomar tierra, lo que hizo el sábado en Barajas sólo fue aterrizar que es muy distinto.

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La samba de los corazones rotos

octubre 3rd, 2009 - Sin categoría - Sin comentarios

Por: RAFAEL MARTÍNEZ-SIMANCAS

Felipe IV no se enteró a la primera porque tiene el caballo mirando en dirección contraria a las pantallas gigantes instaladas en la Plaza de Oriente pero el respingo que dio el animal no le dio buenas vibraciones. La estatua será de bronce pero tiene corazón como todas las cosas inanimadas de este Madrid de los Juegos. La diferencia entre una corazonada y una desazón de viernes son tres palabras: Río de Janeiro. Todo ese ruido entorno al escenario, toda esa danza de la buena suerte, las manos gigantes y las caras de entusiasmo se vinieron abajo como se desvanecían las canciones en los viejos tocadiscos de 33 rpm cuando se iba la luz. Más de uno se preguntó, (como en el anuncio): “¿Papá, por qué somos del Atléti?”, pero en versión olímpica que es un grado más en la escala de los sueños.
Antes de que la pena bajara por la Cuesta de San Vicente, o cayera en catarata suicida por el Viaducto, los empleados de limpieza del SELUR entraron en escena para recoger los trozos de corazón esparcidos por el suelo, pequeñas muestras del ADN de una gran ilusión colectiva que nos tuvo unidos durante unas horas. Y, se supone que la ilusión en su calidad de variante de la energía, nunca se destruye sólo se transforma. De ahí la importancia que tenía el trabajo de las escobas del SELUR para recoger cachitos y enviarlos al sanatorio de los dolores colectivos. A pesar del recorte en los presupuestos a la investigación científica aquí estamos muy avanzados en poner en pie lo que a otros les costaría años recuperar. Las cornadas de caballo las sanamos con la experiencia del doctor Padrós, cirujano de Las Ventas, o en su defecto con unas cañas por Santa Ana . Ya lo decía Pat Riley cuando entrenaba los Lakers que lo peor no era perder sino la cara de gilipollas que se te queda.
Sería una incoherencia que se perdiera la ilusión que ha generado Madrid 2016, la causa olímpica ha sido capaz de hermanar a rivales políticos, ha creado el clima de que cualquier cosa es posible si somos capaces de ponernos de acuerdo, y quién dice Juegos también piensa en economía. Valga esta emoción colectiva para saltar sobre cinco aros o para salir de las cinco crisis.
Gallardón quizá no sea Juan Tamariz, (al que premiaron en Estados Unidos como el mejor mago del mundo), pero ha sabido tenernos pendiente de su chistera hasta el final. No sería justo que cayera sobre él toda la escarcha de Copenhague. Durante la puesta en escena de la delegación española se notaba cierto orgullo contenido, (lo siento por Obama pero los nuestros estuvieron mil veces mejor); si la intención era emocionar al personal lo consiguieron con nota alta. Quizá por eso Felipe IV no quiso girar el caballo, para mantener su imagen de hombre duro y para que no se le llenaran los ojos de agua de octubre.
Es de esperar que los trabajos de reconstrucción de los fragmentos recogidos por el SELUR terminen pronto y las piezas deterioradas sirvan para alimentar esta máquina de contagiar optimismo que se ha inventado Madrid. Guardar el secreto en una caja con siete llaves en la casa de las Siete Chimeneas sería una lástima. Ríe-Río, luego cabalgamos. Igual es que no nos tocaba en 2016 y tenemos que ir a por la siguiente, tal vez nuestra maratón tenga más kilómetros que la de los demás, pero no por eso nos vamos a quitar las zapatillas justo ahora.
Esta ciudad tiene la obligación moral de volver a la batalla, se merece ganarla porque la ha peleado más que nadie. Decía Concepción Arenal que las fuerzas que se asocian para el bien no se suman, se multiplican. Vale, nos quitamos el guante de la mano de colores pero no vamos a rendirnos, que no, (que no aquí y en Copenhague). Ríe-Río y calla Madrid, (de momento). Cuatro años no son nada. Podemos. Es más: queremos.

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