Entradas en junio, 2010


Sindicalismo de vuvuzela

junio 30th, 2010 - Sin categoría - Sin comentarios

Por: RAFAEL MARTÍNEZ-SIMANCAS

Kilómetros de colas, autobuses atestados, paradas de taxi a reventar, madrileños que llegan tarde y la sensación de que el fin del mundo esta vez cae en julio. Demasiada virulencia sindical para responder a una reducción de la nómina, excesiva y del todo impopular por las consecuencias que se extienden a nada menos que dos millones de usuarios del transporte público colectivo. Una línea de metro que no funciona no le afecta a un banquero precisamente si no a otro trabajador que no tiene por qué pagar en sus carnes estrategias oscuras.
Los sindicatos del metro juegan a montar un 2 de mayo a Esperanza Aguirre, y el personal que espera el autobús se pregunta sí no hubo motivos para rodar este “Apocalipsis Now” ante las puertas de la Moncloa cuando a José Luís se le apareció el ángel exterminador de funcionarios y jubilados. Extraña que entonces “no”, y ahora “sí”. Entonces “no” por mucho y ahora “sí” por menos. Madrid está en manos de una virulencia sindical pensada de antemano, tanta ira no se improvisa un martes por la mañana cuando se decide incumplir los servicios mínimos. Aquí huele a tongo-mondongo, lo que empezó siendo una justa reivindicación, (como lo son todas las de los trabajadores), se ha tornado en incómoda acción contra la ciudadanía tomada como rehenes. Pudiera ser que por la antipatía que han provocado estos paros la acción sindical se vuelva en contra de los organizadores y pasen a ser considerados malasombras de andén a los que les da igual la carne de obrero que la de consejero.
Pantomima es pactar unos servicios mínimos con la empresa e incumplirlos en las primeras horas para luego echarse al monte de aquí no se mueve nadie porque lo manda el sindicato. No estamos para imposiciones que lleguen desde un sector y compliquen al resto de la ciudadanía. Si cada madrileño afectado por recortes se echara a la calle entonces se llenarían los andenes del metro de cabreados sin fronteras. Esta huelga es producto de un sindicalismo de vuvuzela que molesta pero no aporta.

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El consejero rectificado

junio 29th, 2010 - Sin categoría - Sin comentarios

Por: RAFAEL MARTÍNEZ-SIMANCAS

No pasará a la historia de Las Ventas la muñeca templada del consejero de Transportes de la Comunidad de Madrid, más bien todo lo contrario será recordado por cómo aliviaba los problemas grandes por alto y los despachaba de media lagartijera con trámite de urgencia. Malo. Siempre se ha dicho que la prisa es propia de toreros malos, de ladrones, y ahora se puede incluir la categoría de consejeros que no saben explicarse. Tanto es así que ha tenido que salir su presidenta a dar una respuesta política que él ha sido incapaz de ofrecer durante las primeras horas de los paros del metro. Siguiendo en el argot taurino ha sido Aguirre quién le ha hecho el quite para que se pudiera entender el problema de movilidad que representan los andenes vacíos, y quienes serán los que paguen el pato de una huelga salvaje. Sí es por Echeverria aún estaríamos preguntándonos cómo repercuten los paros en la vida de los madrileños dentro de una nebulosa de conceptos técnicos y tristones. A por uvas estaba el consejero debida su proximidad a la parra. Que tenga que ser Aguirre quién de las explicaciones que él no ha sabido dar le restan puntos en una crisis de notable importancia.
El gobierno regional se enfrenta, por primera vez, contra un ejército poderoso que puede congelar las calles de Madrid en caso de apretar los paros y llevarlos al coma inducido de una huelga indefinida. Podríamos preguntarnos sí Echeverría tiene el perfil político necesario para convencer a los sindicatos para que depongan su actitud, (o quizá no lo preguntemos porque viene el consejero y se explica que será peor).
Otras capitales pueden tener transporte alternativo pero Madrid tiene una dependencia enorme del suburbano que ha crecido notablemente como otra ciudad bajo tierra. Apañarnos sin el metro no será fácil. Madrid sin metro es como Nueva York con King-Kong por las calles: todo confusión, bocinas, y gente que camina muy deprisa entre los coches. Eso es lo que no ha sabido explicar Echeverría que es del género político opaco.
Algunos toreros cuando han visto cómo otro matador hacía un quite que para ellos resultaba imposible se han cortado la coleta. Cuestión de pundonor. No descartemos que le vuelvan a afear la conducta por no estar en su sitio, y que le indiquen a base de rectificaciones dónde se debe poner en el ruedo.

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Dejarse la vida en la vía

junio 25th, 2010 - Sin categoría - Sin comentarios

Por: RAFAEL MARTÍNEZ-SIMANCAS

Los trenes dividen el paisaje en dos orillas y para cruzar hay que pasar, necesariamente, por encima de los raíles porque no siempre hay un subterráneo, o una pasarela, cerca. Todos los días cientos de personas lo hacen, las más habituadas ponen mucha atención y aún así cruzan ágiles hasta ganar la otra orilla sabiendo que caminan sobre fuego. En pequeña escala las vías del tren son un muro de Berlín con el que se convive cerca de los núcleos urbanos y el mapa de nuestra región está sembrado de laberintos de hierro por los que pasan los trenes de cercanías a buen ritmo.
Casi nunca pasa nada, lo contrario es la noticia, pero dejarlo todo al amparo del “casi nunca” no oculta el peligro que existe. Para una locomotora en marcha las personas somos igual que mosquitos que se pegan al morro en verano; el tren no tiene la posibilidad de detenerse en seco, eso sólo pasa en las películas de dibujos animados cuando el Correcaminos se planta burlón. Y no será al maquinista al que haya que culpar si no a la autoridad que no señaliza o que no pone las vallas oportunas, aún así no es extraño que haya quién se cuele por un boquete. Es más fácil de lo que imaginamos porque en muchos casos no queda otro remedio, no es temeridad si no que no hay otro camino.
La vida pasa muy deprisa pero más aún el tren por los raíles y el encuentro siempre es fatal; todos los incidentes acaban en vía muerta, chispas y olor a hierro al rojo vivo. Por supuesto que no es lo habitual pero de excepciones están los cementerios llenos, repletos de personas que se cruzaron con el último tren de su vida. Mala suerte le llaman pero tampoco hay que dejar a merced del infortunio lo que se puede solucionar de una manera mejor. El triste suceso de Casteldefells nos deja la enseñanza de que atravesar las vías del ferrocarril es igual que jugar a la ruleta rusa con todas las balas en el tambor.
La experiencia son sangre entra, hemos aprendido que la distancia más corta entre dos puntos no siempre es la línea recta, no al menos cuando se trata de líneas de hierro paralelas por las que galopa la muerte a toda velocidad.

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La sinfónica de la vuvuzela

junio 16th, 2010 - Sin categoría - Sin comentarios

Por: RAFAEL MARTÍNEZ-SIMANCAS

Existe una norma no escrita que asegura que cuando usted desee descansar bajo una encina aparecerá un monitor de motocross enseñando a sus alumnos cómo hacer el caballito. Esa misma norma tiene una derivada: las ideas tontas son contagiosas y no tienen vuelta atrás.
Este verano será el de las vuvuzelas, no habrá playa, piscina, o patio de comunidad, sin un adolescente armado de su correspondiente trompetilla zulú, nadie le pedirá la licencia de armas pero sería para tenerlo en cuenta por lo que supone de “destrucción masiva” de la paz común. Tal cuál como si fueran elefantes que se saludan los de la vuvuzela se reconocerán entre ellos dando bufidos cargados de decibelios que romperán nuestras meninges y quién sabe qué otros efectos secundarios tendrá su exposición durante largo tiempo. El grado de penetración acústica de una de esas trompetillas es casi tan profundo como la aguja que orada un pozo de petróleo en alta mar; por los laberintos de la trompa de Eustaquio se pierden unos ruidos infernales contra los que no cabe recurso de amparo. Uno empieza a echar en falta aquellas canciones del verano que eran tontas de letra y simples de melodía pero que, al menos se les podía sacar una rima diferente, (y hasta marcarse un baile de verbena que son tan recomendables entre los catedráticos de La Sorbona). En cambio con la vuvuzela el ruido es el mensaje, no se sabe qué quiere decir el que las sopla pero te consta que lo quiere expresar y en tono muy alto. En cierto sentido la sociedad de la comunicación es, hoy, una gran vuvuzela en la que cuenta más el ruido que el fondo; da igual lo que se diga porque lo importante es molestar a cuántas más personas mejor. Las tardes de las televisiones están llenas de “vuvuzelas” y de “vuvuzelos” que no hacen más que dar la lata con sus cuitas absurdas pero muy rentables en audiencia. Si les quitas la trompetilla y les haces hablar apenas tienen nada que contar.
Aquí quisiera ver al santo Job si le hubieran reventado la siesta con la matraca zulú que amenaza con quedarse. Sabido es que las costumbres se superan cuando llega otra peor, así que las vuvuzelas se quedarán un tiempo en nuestro entorno, además son muy baratas y tampoco hace falta ir al conservatorio para sacarles un mi sostenido, (más bien será un “contra-mi” insostenible). Es verdad que llevados por la ira invitan a realizar con ellas una colonoscopia a su usuario, pero no perdamos las formas, pensemos que es un ruido pasajero, una avispa que nos sobrevuela tan sólo un momento. Hagamos como los zulúes, pongamos cara de que no las hemos oído.

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La ilusión por bandera

junio 16th, 2010 - Sin categoría - Sin comentarios

Por: RAFAEL MARTÍNEZ-SIMANCAS

Así que era esto. Tanta emoción, tantos nervios, y lo hemos ido a descubrir cuando el fútbol español es centenario. Y pensar que otros como Argentina. Italia, Francia, Alemania o Brasil nos llevan lustros de ventaja en disfrutar sin complejos del juego de su selección. Caramba lo que nos hemos perdido por haber sido “el equipo que hacia felices a los demás”, la Armada Invencible en pantalón corto que se despeñaba en las expediciones que emprendía con quijotesco destino. Conste que lo intentamos, hasta hubo un Mundial en España en el 82 de infausto recuerdo para Naranjito y el resto de parafernalia que se nos fue, (otra vez, ¡ay dolor!), por el puñetero desagüe de nuestras frustraciones.
En cambio este equipo es capaz de aglutinar y de emocionar a partes iguales. El “share”, como el algodón, no engaña y nos dice que los partidos de la selección son los programas más vistos hasta en los barrios más nacionalistas que renegarían haber saltado cuando Iniesta encara la portería contraria. A corazón grande, pantalla gigante para ver a Torres y a Casillas como si fueran actores de Hollywood. Y si ellos tienen vuvucelas aquí tenemos ganas de gritar “¡A por ellos, oé!”, un coro de voces que tendrá su efecto mariposa en la otra parte del planeta.
Hay confianza en este equipo y el deseo de que igualen la hazaña del Europeo cuando Torres hizo un gol que nos metió en la Historia por una puerta roja. Es verdad que llegamos tarde pero eso, ahora, ¿a quién le importa?, lo que cuenta es que podemos volver a soñar despiertos.
Durante estos días se van a ver más banderas españolas que en un desfile, y mientras el Constitucional no diga lo contrario llena más la boca gritar “¡España, España!” que invocar “¡Nación, nación!”. Nada más corriente que la normalidad de los comportamientos y la espontaneidad de las acciones. Algo de narcotizante también hay en este fenómeno que mitiga las heridas de una crisis durante los días que dure el Mundial, (esperemos ser los últimos en salir de Johanesburgo porque será señal de que hemos llegado al podio). Esta tarde buena parte del país se parará, hay verdadera curiosidad colectiva por ver a la Sinfónica de Del Bosque tocar el cuero. De nuevo es el deporte la válvula de descompresión social que libera tensiones. Parecerá que estamos de huelga, pero todavía no, será porque ha empezado a rodar el jabulani que es ese balón que nos tiene que llevar a la gloria a patadas.

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La huelga general gira contra los sindicatos

junio 9th, 2010 - Sin categoría - Sin comentarios

Por: RAFAEL MARTÍNEZ-SIMANCAS

A tal “decretazo” tal “huelgazo”, pero finalmente la traca quedó en poco y el ruido de una huelga general apenas en petardo mojado. En los tiempos del ICONA se inventó un eslogan que decía: “cuando un bosque se quema, algo suyo se quema”, y un anónimo escribió debajo… “algo suyo, señor conde”. Pues cuándo una huelga general de funcionarios sale fallida algo suyo ha salido mal, señor sindicalista. José Ricardo Martínez, (UGT), y Javier López, (CCOO), deberían hacérselo mirar como dicen en Cataluña cuando todo el mundo se da cuenta de lo que te pasa menos uno que ignora la realidad con insistente desdén. Cuando se convoca a los trabajadores a dejar juzgados, hospitales y centros de transporte vacíos, y el resultado es que apenas se notan los paros entonces es que han fracasado los convocantes. Sí te pones a la cabeza de la manifestación pero luego te das cuenta de que nadie te sigue es que tenemos un problema de estrategia que no es achacable al enemigo exterior, (léase patronal o gobierno).
No será porque el funcionario-recortado, el trabajador público-abreviado, no tenga motivos para la huelga, tal vez lo que ocurra es que los sindicatos han reaccionado tarde; “encima que me recortan el sueldo como para regalar un día”, (decía ayer una funcionaria, no le faltaba razón). Esos trabajadores públicos han dejado de confiar en la acción sindical para solucionar sus conflictos; por algo será. Y lo que tenía que haber sido respuesta contundente quedó en nada, (un gallo en un fallido do de pecho). Moraleja: esto pasa por hacer alardes cuando no estamos para presumir. Entre las propuestas sindicales y los problemas de los funcionarios hay una distancia para recorrer en cohete espacial, y cada vez se alejan más las posturas y cada vez se ignora más esa desviación.
Distancia que se ha venido fraguando en el tiempo y de la que parece que sólo Martínez y López, (esa “entrañable” pareja de “Fernández y Fernández” que siempre acude unida a los actos sociales), no se habían dando cuenta. El pasado 1 de mayo les hubiera servido de reflexión, aquel domingo en el que había más periodistas que manifestantes en la Puerta del Sol. O darse cuenta de que los parados confían poco en quienes no les pueden representar, o que los liberados son una casta social en sí misma en tiempos de abolición de privilegios. De aquella fotografía fija de trabajadores saliendo de una fábrica que inspiró “Novecento” a Bertoluci no queda nada hoy, y en la medida en la que los sindicatos no entiendan el mensaje menos va a quedar aún. El de ayer era un disparo contra el Gobierno que los sindicatos se han terminado dando en un pie. Con huelgas como esta Zapatero se hace tirabuzones igual que decían en el XIX de las bombas de Napoleón sobre Cádiz.
Malo será si no hacen autocrítica. Por calcular mal las fuerzas han saltado con poco impulso del trampolín y se la han pegado contra el bordillo de la piscina. Menudo susto se ha dado el Gobierno, ¡buf!

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Los hombres de negro

junio 6th, 2010 - Sin categoría - Sin comentarios

Por: RAFAEL MARTÍNEZ-SIMANCAS

Sí, me refiero a esos gañanes que se hacen acompañar de escoltas armados que nos miran mal, usan coche de cristales tintados y trajes oscuros, corbata llamativa y zapatos negros sin una mota de polvo. Da igual al país que pertenezcan, son una multinacional del latrocinio tecnológicamente avanzado. Ayer actuaron en Grecia, hoy en Hungría y quién sabe dónde harán “negocio” mañana porque su “rentabilidad” es básicamente la ruina de todos nosotros. Tipos sin entrañas que no dudan en maquillar las cuentas, en pagar a los bancos, y que encargan informes a la medida como el que se hace una chaqueta con cuatro botones. Con total impunidad utilizan el nombre de la democracia cuando pertenecen a la peor rama de los piratas y sin manejar el código ético de los que navegan por el caribe. Los mismos que al oler el miedo de los mercados asaltan las Bolsas con un cuchillo entre los dientes, sin hacer prisioneros.
Se saben tan impunes que ya ni disimulan; antes hacían los atracos con la cara cubierta pero ahora ni se ponen la media en la cabeza, salen en televisión dicen que equivocaron sus números y solicitan más ayuda de manera urgente. Pero lo que piden, en realidad, es una transfusión de sangre de los más débiles para que les paguemos la fiesta que se habían montado, (no tenían previsto llamarnos pero al parecer se les ha llenado el piso de mugre y alguien se lo tendrá que barrer). No será de extrañar que esos mandatarios paseen por Europa con unas huchas pidiendo para la clase dominante.
La estafa de Hungría deja en evidencia que esta Unión fue un timo montado a toda velocidad para que algunos listos se beneficiaran de las ayudas con la excusa de construir una Europa liberal sin fronteras, y cuando se les ha atascado la Visa a consecuencia de timar a tanto paisano inocente se han dado cuenta de que son pobres de pedir. Delincuentes con corbata y discurso oficial; se supone que algún día la gente se hartará de ellos y los sacará del coche a gorrazos, tal y como se hace con los sátrapas cuando se acaba su capacidad de engaño. Mientras tanto siguen usando esa apariencia de falsa democracia que les sirve como escudo protector para sus desmanes y, entre discurso oficial y foto de estadista, sacan el trabuco para ajustar sus cuentas y hacer caja.
Gente de poco fiar, bucaneros que usan las urnas como excusa y al votante como rehén. Podríamos recomendarles para las misiones tripuladas a Marte, a ver si con un poco de suerte nos los quitamos de encima y se dedican a estafar por la Galaxia. Ya que su condición de ladrones no la podemos corregir al menos que no los tengamos cerca. Estos chorizos son la octava plaga de Egipto.

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El lejano parentesco de los números primos

junio 1st, 2010 - Sin categoría - Sin comentarios

Por: RAFAEL MARTÍNEZ-SIMANCAS

Pitágoras, ese gran desconocido. Los distintos planes de estudio que hemos experimentado, (todos ellos creados con la intención de potenciar la educación de nuestros hijos), arrojan los mismos malos datos de siempre con respecto a las matemáticas. Aprobar con un cinco raspón, y con un examen más fácil que el del año pasado a decir de los profesores, no es bueno. Pensemos que estos niños serán luego los economistas que nos ayuden a salir de la crisis puesto que va para largo, y una cosa es utilizar la “contabilidad creativa”, y otra muy distinta apuñalar la tabla del 9 por la espalda. Hipotenusa, catetos, senos y cosenos están tan lejos de la realidad de los alumnos madrileños como Marte del lago de la Casa de Campo. Los decimales se atragantan, los logaritmos se vuelven espesos y la raíz cuadrada es aquella cosa que se esconde debajo de una uve gigante y cuyo valor se desconoce hasta que no aparece el profesor y resuelve el problema con el pasmo del alumnado que asiste a un truco de magia… “¡ahhh!”, dicen.
Aprobar se ha conseguido pero con una nota tan rácana que es mejor silbar mirando a otra parte. Superada la barrera de no sumar peras con manzanas parece que lo siguiente es un misterio de arcano mayor. Las ecuaciones son esos laberintos que llenan las pizarras en horizontal y que al final siempre da X, o Y. Podemos echar la culpa a los romanos que tenían un sistema numérico que quedaría muy mono en los relojes de sol pero que provocó un colapso neuronal en los descendientes del Imperio. Teniendo en cuenta que hay mucho adulto que pasa cerca de la Puerta de Alcalá todos los días y no consigue descifrar en qué año la inauguró Carlos III, como para pedir maravillas en una multiplicación con números romanos.
Lo suyo es rendirse ante la evidencia, aquí somos más “de salir” que de “sumar”, y con estas terrazas tan agradables todos los números se convierten en primos. En el caso de los niños todos los parques se convierten en lugares de evasión; es indudable que resulta más interesante perseguir a una lagartija que despejar una incógnita.
La autoridad educativa correspondiente tiene por delante el reto de contagiar a los alumnos la alegría por los números, una tarea inútil si ellos no ponen algo de su parte. Quizá podríamos clonar a Pitágoras y hacerle personaje de serie infantil. Tenemos claro que uno y uno son dos, pero a partir de ese momento se abre un horizonte inescrutable e inmensamente peligroso. ¡Vaya por dos!, o por tres.

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El lejano parentesco de los números primos

junio 1st, 2010 - Sin categoría - Sin comentarios

Por: RAFAEL MARTÍNEZ-SIMANCAS

Pitágoras, ese gran desconocido. Los distintos planes de estudio que hemos experimentado, (todos ellos creados con la intención de potenciar la educación de nuestros hijos), arrojan los mismos malos datos de siempre con respecto a las matemáticas. Aprobar con un cinco raspón, y con un examen más fácil que el del año pasado a decir de los profesores, no es bueno. Pensemos que estos niños serán luego los economistas que nos ayuden a salir de la crisis puesto que va para largo, y una cosa es utilizar la “contabilidad creativa”, y otra muy distinta apuñalar la tabla del 9 por la espalda. Hipotenusa, catetos, senos y cosenos están tan lejos de la realidad de los alumnos madrileños como Marte del lago de la Casa de Campo. Los decimales se atragantan, los logaritmos se vuelven espesos y la raíz cuadrada es aquella cosa que se esconde debajo de una uve gigante y cuyo valor se desconoce hasta que no aparece el profesor y resuelve el problema con el pasmo del alumnado que asiste a un truco de magia… “¡ahhh!”, dicen.
Aprobar se ha conseguido pero con una nota tan rácana que es mejor silbar mirando a otra parte. Superada la barrera de no sumar peras con manzanas parece que lo siguiente es un misterio de arcano mayor. Las ecuaciones son esos laberintos que llenan las pizarras en horizontal y que al final siempre da X, o Y. Podemos echar la culpa a los romanos que tenían un sistema numérico que quedaría muy mono en los relojes de sol pero que provocó un colapso neuronal en los descendientes del Imperio. Teniendo en cuenta que hay mucho adulto que pasa cerca de la Puerta de Alcalá todos los días y no consigue descifrar en qué año la inauguró Carlos III, como para pedir maravillas en una multiplicación con números romanos.
Lo suyo es rendirse ante la evidencia, aquí somos más “de salir” que de “sumar”, y con estas terrazas tan agradables todos los números se convierten en primos. En el caso de los niños todos los parques se convierten en lugares de evasión; es indudable que resulta más interesante perseguir a una lagartija que despejar una incógnita.
La autoridad educativa correspondiente tiene por delante el reto de contagiar a los alumnos la alegría por los números, una tarea inútil si ellos no ponen algo de su parte. Quizá podríamos clonar a Pitágoras y hacerle personaje de serie infantil. Tenemos claro que uno y uno son dos, pero a partir de ese momento se abre un horizonte inescrutable e inmensamente peligroso. ¡Vaya por dos!, o por tres.

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