Día del Trabajo

(“EL BOLETIN“, miércoles 1 de mayo 2013)

Es de imaginar que hoy es festivo para todo el mundo menos en el departamento de Fátima Báñez dónde esta mañana habrán trabajado para remediar el desastre de mas de seis millones de españoles que el 1 de mayo no lo pueden celebrar, en todo caso lo lamentan. Nadie puede imaginar que en el Ministerio de Trabajo los altos cargos hayan cogido el puente, o quizá sí porque resignados a no crear empleo lo que les queda es hacer escapadas de días cortos para visitar ciudades y monumentos.
Las previsiones de crecimiento del Gobierno son tan a largo plazo que podrían fusionar el Ministerio de Trabajo con el de Turismo y Manualidades, puede que no encuentren salida a los parados de larga duración pero nadie les puede privar de unas clases de “petite point” para reconfortar la espera que en la portada de “La Razón” se sitúa en el horizonte de 2019, ni mas ni menos. Hasta entonces nos quedan un montón de días del Trabajo que mejor no recordar, le podemos poner un paño morado al calendario como antes se hacía con los santos en cuaresma.
Es triste pero cierto recordar que todo aquello a lo que se le dedica un día: el amor, el voluntariado, la solidaridad, la sonrisa, el teatro, (o el trabajo), está en peligro de extinción. La rueda de prensa de hoy no es la de Mourinho si no la de los ministros de Trabajo que hemos tenido en los últimos años, a partir de Manuel Pimentel que se marchó en un taxi cuando las vio venir con gran cabreo de Aznar que buscaba leales que le sirvieran para el empleo o para acudir a la boda de El Escorial. Y Pimentel se marchó a su casa para editar libros, ¡toma insolencia!
El trabajador que mantiene su empleo tiene motivos suficientes para preguntarse qué será de él el próximo 1 de mayo puesto que la inseguridad laboral afecta desde al obrero hasta el directivo de cuello mas almidonado y blanco; a efectos de peligro todos trabajamos en el mismo andamio. En Berlín nos quieren mas reducidos y mas pobres, en Madrid no lo tienen muy claro y la ministra cada vez lee peor los papeles que le pasan para que tenga argumentos para defenderse en las comparecencias parlamentarias, y no es porque no crea en ellos si no que se le ha agotado la fe.

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