Lo mío va a ser normal

Por: RAFAEL MARTÍNEZ-SIMANCAS

Estimado vecino encuestado… No sabe usted el inmenso favor que ha prestado a la sociedad al dejarse la vida en unas respuestas.Gracias a su escrupulosa meticulosidad de anotar cada diez minutos lo que estaba haciendo sabemos hoy cómo somos. En realidad siempre nos ha importado mucho conocer qué hace el vecino, a qué dedica el tiempo libre -que decía Perales-, cómo se lo monta, cómo distribuye el ocio. Somos, reconozcámoslo de una vez, muy visilleros, pequeños cotillas con piel de cordero. Los datos son magníficos: ¡Lástima no se hubiera hecho antes para tener una evolución comparativa! Lo mejor es que casi todos hacemos lo mismo y de paso acabamos con varios tópicos, entre ellos que la niña es la que más tiempo pasa en el cuarto de baño cuando en realidad es el viudo el rey del alicatado facial. Y detrás de él los jubilados que se buscan rastros de acné en el espejo de la mañana.
Una sólida formación académica no garantiza una buena pitanza, el máster en administración de empresas te lleva a ser de los que menos tiempo emplean en comer. Tanto curso acelerado sobre cómo mover una multinacional para luego pasar hambre en tres idiomas. Esos estudios estarán completos el día en el que enseñen a combinar las opas hostiles con las tapitas agradables acompañadas de vermú de grifo. Vale que para ser ejecutivo agresivo no haga falta llevar corazón pero lo del estómago no se entiende. Una buena cantidad de ejecupijos daría medio máster en Boston por un bocadillo de bedel de mediodía, rigurosamente envuelto en papel de periódico y con sus pringosas chorreras correspondientes.

Tópico pero triste es que la mujer sea la que dobla al hombre en las tareas del hogar. Parece que el casado tiene una natural tendencia a escabullirse en los momentos de exaltación de la higiene. De hecho, cuando se convierte en separado (en gran medida por su escasa voluntad de cooperación), sigue con su pauta de objetor del fairy. Los hombres separados dedican justo la mitad que las separadas al hogar: para ellos la bañera peluda sigue siendo un misterio de programa de Punset. Sabemos que dormimos poco y mal, que hemos perdido la devoción a la sacrosanta siesta, aportación ibérica a la conquista del mundo, y que también pasamos largos períodos en el baño (sin justificar). El baño, ese lugar ausente de vida social, es el reducto último de nuestros deseos, por algo le llaman el trono. Va a ser verdad lo que se decía en el colegio: si no fuera por estos ratitos y por los que pasamos leyendo El Jabato…

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