Campamento se rinde

Por: RAFAEL MARTÍNEZ-SIMANCAS

La piqueta ha empezado a darle golpes a los muros del cuartel Muñoz Grandes y pronto comenzará a meterse en nuevos desguaces. Se viene abajo un plan de diseño militar que comenzó en la primera mitad del siglo XX y que acaba en suelo urbano. La sociedad civil se ha extendido donde antes primaba el toque de corneta, la comida cuartelera, y las garitas por sorteo. Haber hecho la mili no tiene nada de especial, en este momento debe ser cosa de viejos, pero muchos españoles pasamos algunos meses en aquel Gran Hermano caqui donde te enseñaban canciones heroicas y había chicas de California en las taquillas. Soy de los agradecidos a aquel servicio por la patria, no tengo reparos porque mi mili fue bastante literaria, destinado a la biblioteca (en primera línea de combate? en caso de conflicto yo custodiaba los manuales de la guerra).

Seguro que el espíritu militar no tenía nada que ver con lo que nos tocaba hacer a los quintos, pelusos de la vida que buscábamos una cabina por la zona para hablar con la novia.

Hoy sé que muchos, cuando pasan por la carretera de Extremadura, miran de reojo, y muy rápido, la puerta de un cuartel que fue su segunda casa en aquellos años de mocedad atolondrada. Ya ni ellos tienen granos, ni en la guardia está el brigada de edad indeterminada que pudo estar en lo de Cuba y también en Vietnam.

No sería extraño que los niños que aprendan a caminar en esos nuevos parques lo hagan de forma marcial y al unísono del silbato, no en balde en aquellos cuarteles se dieron varias reencarnaciones de Napoleón Bonaparte.

Los habrá nostálgicos que se compren un primero con las mismas vistas que tuvo su garita en los días en los que Johnny cogió su fusil. Y masocas que tengan el trastero donde estuvo el cuerpo de guardia. Si los constructores fueran hábiles mantendrían algunos nombres, vivir en el edificio Lepanto no es poca cosa.

Aznar acabó con la mili y ahora Bono termina con sus cimientos. Uno pensaba que arriar bandera sería un acto más emotivo que enviar unas excavadoras a pegarle bocados al cemento.

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