Sadam, en calzoncillos

Por: RAFAEL MARTÍNEZ-SIMANCAS

Estados Unidos tiene esa extraña capacidad que dominan algunas personas y que se conoce por “hacer amigos”, gente que cada vez que amplía cu círculo de conocidos aumenta su grado de antipatía. Ignoro si será política del Pentágono, o es que son así de bordes, pero de toda la vida de Dios siempre se han comportado de la misma manera. Lo insólito es que no admiten crítica, si se te ocurre poner en tela de juicio sus tropelías enseguida te llaman antinorteamericano, vendido al oro de Moscú, mequetrefe de pancarta, vocero comunista, ladilla europea o vende patrias, (cuando no todo eso a la vez). Echar la memoria para atrás sería largo, basta con fijarnos en el zipizape que han montado en Irak, país al que ni han liberado ni mucho menos han conseguido pacificar. Muy al contrario han conseguido que el terror sea moneda corriente y que el país sea más pobre que antes.
Lo último son unas fotos de Sadam en calzoncillos tomadas en la prisión militar, ahora dicen que se escandalizan al verlas publicadas pero mucho me temo que han hecho todo lo posible por que salieran a la luz. Sadam, como los presos talibanes de Guantánamo (a los que tienen locos con música de rock hasta que se conviertan a la verdadera fe), está a la espera de juicio; apañado va. Por un lado les interesaba cogerlo vivo para sacar la foto metiéndole un depresor bucal hasta el colodrillo y por otro que no muriera les causa un grave problema. Mientras tanto lo tienen como una atracción de feria al alcance de cualquiera, igual que en los circos antiguos se enseñaba a la mujer barbuda o a los hermanos siameses. Una vez más se pasan la Convención de Ginebra por donde cogen a los pollos que luego hacen fritos. Sadam es preso de un régimen iraquí inestable custodiado por tropas nortemericanas, no podía haber tenido una suerte peor.

Extraña que los animosos dirigentes del PP, entre ellos el entonces ministro de la Guerra, no se preocupen por la situación jurídica del preso más famoso del mundo. Si es culpable de todos los males: que se le condene pero que no le tengan como perro abandonado y con pulgas. Ya que no encontramos las armas de destrucción masiva pero sí tenemos al diablo, que se inicie el proceso cuanto antes. Sadam en calzoncillos es una vergüenza, ciertamente, no tanto para él sino para los que apoyaron una guerra ilegal argumentada en débiles hilvanes de estúpido razonamiento colonial. Y sin consultar con nadie. La impunidad está de nuevo de parte del poderoso, de los mismos de siempre que manejan petróleos y vidas. Si a eso le llaman “libertad duradera” tengo razones para pensar que mi carnicero es un delicado artesano de la fibra sensible.

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