El camaleón rosa

Por: RAFAEL MARTÍNEZ-SIMANCAS

Señor Mendiluce… Aprovechemos que es el día de la ilusión mágica para levantar una ceja y preguntarnos por qué ahora el candidato Mendiluce dice que no es verde sino rosa y que para llegar a verde pasó por rojo e incluso por caqui con los refugiados de ACNUR. Y podremos llegar a la conclusión de que no es voto todo lo que mendi-luce, en su anuncio hay mucho de vedette y poco de contenido. Los verdes de toda la vida están que echan las muelas con un sujeto al que consideran un paracaidista en Madrid que viene a dividir el voto de la izquierda y a favorecer a la derecha.
Hubo un tiempo no muy lejano en el que la ideología era lo que arrastraba a las urnas, pero desde que Fernández de la Mora se marcó El Crepúsculo de las ideologías muchos han pensado que la política necesita de cheer-leaders para animar el mitin con el pompón. En época de Tierno, Mendiluce podría haberse sacado un pecho como Susana Estrada sin que hubiera sido noticia, signo inequívoco de la degradación de los tiempos. Nos hemos perdido el apunte satírico de Alfonso Guerra. Olvida el candidato de luces que la homosexualidad es una forma de entender la vida, no una opción política que una a los que sienten como él. Homosexuales hay en la derecha, en la izquierda y en lo que queda de centro después del largo viaje. Eso lo sabe bien Pedro Zerolo que preside a los gays y lesbianas y al que nunca se le ha ocurrido salir con la bandera de la unidad, sino con la consigna más humilde de la convivencia y el respeto. Y también los hay que pasan de votar cuando se les intenta llamar con boberías.

Como todo argumento de peso, el candidato tricolor: rojo/verde/rosa, dice que Gallardón hace política de izquierda con pátina de derecha, y Trinidad Jiménez lo mismo pero en dirección contraria. Como diría el castizo: «¡toma del frasco Carrasco!» Igual lo ha aprendido de Lao-Tse partidario de no hacer nada y dejar que las cosas sigan su curso.

Nos podríamos preguntar también a quién beneficia más el anuncio, si a los verdes o al candidato que se ha hecho una campaña de imagen gratis. Y si en todo caso no alcanza la Alcaldía de Madrid, como es su firme propósito, porque cuando uno es candidato sale a ganar y no a que le miren, piensa abanderar a otro grupo de colectivos. Por ejemplo, los que odian los lunes, los que se meten el dedo en la nariz, los que se saltan las colas o los que nunca van al teatro. Ahí, créame, tiene un filón inagotable.

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