El ‘poli’ torero

Por: RAFAEL MARTÍNEZ-SIMANCAS

Estimado agente… de la autoridad del palco de Las Ventas: en la manifestación del 1 de mayo no se hablaba ayer de otra cosa, ¡los presidentes de la plaza de toros de Madrid quieren cobrar! Era una reivindicación tan fuerte que ni Fidalgo (ese dirigente sindical sacado del reparto de Shrek) se atrevió a pedir en alto, la sociedad no está preparada para tan elevado envite. La plaza de Las Ventas a un mes de cumplir 75 años y ahora caen ustedes en que deben cobrar por su trabajo, o en su defecto que les den unos días libres en razón del duro currele presidencial al que acompañan de café, copa y puro. Piden unos eurillos por aguantar el chaparrón de la ira colectiva cada vez que la pifian (de manera frecuente) como diría un castizo: «¡amos hombre!». Eso si que es una prebenda bien buscada y no lo de la pensión de la pobre suegra de Jesulín de Ubrique. Si a ustedes hay que pagarles: al sufrido respetable al que su incapacidad para gobernar el festejo le ha proporcionado innumerables tardes de petardo, habría que darle una jubilación en un hotel caro de París con mesa fija en el Lido (en el hipotético caso de que no lo hayan cerrado por mohoso y antiguo)…
Rubalcaba tiene un frente no esperado en el Ministerio del Interior, los comisarios de Las Ventas se rebelan y lo mismo entran en huelga a la japonesa, (hacer su trabajo bien y no interrumpir la corrida con relámpagos de autoridad victoriana. No se pueden imaginar lo que se lo íbamos a agradecer, haber empezado por ahí, hombre). Una huelga de «pajarita» caída por citar al más famoso del grupo, el comisario José Manuel Sánchez que al nacer no fue niño que trajera pan debajo del brazo sino pajarita al cuello. Pero deberían medir sus fuerzas los policías porque tal y como está Rubalcaba de fuerte igual les manda a dirigir el tráfico de cabras a Perejil Island. Sobreros hay en todos los oficios, ténganlo en cuenta..

Conocíamos de la existencia y tradición del bombero torero, con su espectacular cuadrilla, pero no sabíamos nada del poli torero.Habrá que esperar la reacción del público venteño para saber si les reciben con entusiasmo o les chuflan hasta la sordera.Su reivindicación salarial, por rocambolesca, compite con la de los gatos que quieren zapatos. Y, en cuanto a pedir un rincón de mayor intimidad en el callejón, no se me ocurre otra cosa que se pongan bajo la puerta de toriles, en una góndola, y sustituyan los timbales por violines. Si no les pagan más, por lo menos que les compense en amor.

Compartir:

Etiquetas: ,

Deja una respuesta

*