Piedad, no más debates

Por: RAFAEL MARTÍNEZ-SIMANCAS

La política y el circo me gustan por separado y la mezcla de las dos resulta un espectáculo lamentable de apuestas y de acusaciones. Los debates televisados son más de los equipos de campaña y marketing que de los candidatos, y al ciudadano le debería interesar más que sus políticos se comprometan a respetar el programa electoral antes que ver las caras que ponen.

Que Aguirre tiene buen rollo con Sabanés es una noticia evidente, y que Simancas no le perdona a Aguirre el extraño episodio de Tamayo y Sáez, (por mucho que Beteta diga que el PP nada tuvo que ver), también es palmario. De ahí no les baja ni la Guardia Civil con trabucos.

Los debates se reducen a meros análisis semióticos de vestimenta y gestos, pero el personal no suele tener conocimientos de semiótica así que se quedan en la arruga que les hace la chaqueta o en los pendientes. O en el mira cómo tiembla cuando coge el vaso.

De los debates lo que más me interesa es lo que nunca nos dan: la trastienda, el cómo se hizo. Nadie enfoca a ese equipo de asesores que bufa como si estuvieran asistiendo a un boxeador en un ring, y tampoco nos ofrecen los saludos en la sala de maquillaje, ni las miradas por los pasillos cuando salen del plató.

Todo es tan versallesco y educado que parece una mentira. Las ideas que se dicen en los debates son a la política lo que el castillo de la Cenicienta a la arquitectura: un detallito agradable mas poco consistente.

Compartir:

Etiquetas: ,

Deja una respuesta

*