Es el espíritu, no las piernas

Por: RAFAEL MARTÍNEZ-SIMANCAS

En la vieja Grecia, donde se forjó el espíritu de los Juegos, se valoraba más el esfuerzo que el resultado. De ahí que surgiera el llamado ?espíritu olímpico? que no es otra cosa que el afán de superación cuando las cosas se ponen difíciles. Y de eso el atleta sudafricano Oscar Pistorius va sobrado. Es verdad que le faltan las dos piernas de rodilla para abajo, ¿y qué?, un espíritu no se recorta ni se amputa. A Pistorius nadie le gana en superación y en moral, pero en el camino le han aplicado la regla 144.2 que es como un dogma de fe insuperable. Es una regla casi monástica, un talud por el que se despeñan ilusiones.
Pistorius puede correr los 100, los 200 y los 400, pero no puede saltarse la burocracia olímpica que le considera poco más que un motocarro con patines. Y no es justo. Otros corren hasta arriba de sustancias extrañas pero nadie sospecha de ellos hasta que no les pinchan en la vena acusica; y en cambio a este gran atleta se le niega el billete a Pekín.
Pistorius corre como lo hacía Forrest Gump, con unas plataformas que le sostienen, pero en realidad se desplaza con el coraje de un soldado griego por el valle de las Termópilas. Corre y es invencible, pero se para y le descalifican. Un atleta en la pista es mucho más que un anuncio de zapatillas. Le pudieron amputar las piernas pero no las ganas de soñar y el sueño va con alas, lo que reptan es la envidia y la mala leche. Al que hizo la regla 144.2 se le podría preguntar si leyó a Saint-Exupery para saber que lo esencial es invisible a los ojos. Pistorius es un atleta completo, no le falta nada, es a otros a los que les falta vergüenza.

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