El móvil de Rajoy

Por: RAFAEL MARTÍNEZ-SIMANCAS

Nada es casual, por eso cuando Rajoy más se empeña en no abandonar la meditación en el desierto, Zaplana encuentra una salida en Telefónica que es empresa de plena cobertura. La caldera de Génova 13 es tan intensa que Acebes se está pensando aceptar el puesto de speaker del Bernabéu que le ha ofrecido Ramón Calderón, (hablará cada quince días pero le escuchará todo el mundo y podrá hacerlo sin límite de adjetivos). Siempre se ha dicho que al PP le fallaban las comunicaciones quizá por eso muchos buscan una empresa de telefonía que les ampare. A ser posible que sea una empresa de móviles porque están hartos de vivir atados a un cable anclado a la pared.
Mientras, José Blanco admite que su partido vive en un spa de relax. El PSOE esperaba a que los diputados del PP les hicieran el pasillo en la primera sesión de control, pero cada vez que Rajoy los pone firmes en la puerta, se le va alguno de la fila. Un ensayo fallido tras otro hasta caer en la melancolía de la autoridad cuestionada. Y así no hay quién haga política, ni quién rinda honores con cierta presencia. Rajoy, un tanto aturdido por el silencio del desierto en sus oídos, le ha comprado el argumentario al enemigo y pide ?tranquilidad? en los momentos difíciles. Solbes estará encantado porque ya ha conseguido que el líder de la oposición asuma los principios de la política por hipnosis, aquello de mira a mis ojos y no temas. El concepto clave es la confianza ciega: si crees en mi llegarás al reino de los cielos y a pagar la hipoteca que está igual de lejos para el español medio que no sea Taguas, (ese hombre que nada más dejar Moncloa empezó la casa por el tejado). Pero basar la política en actos de fe es algo muy arriesgado en tiempos de escasez de vocaciones; en economía el español está por meter los dedos en la llaga del Euribor y en política no parece que pedir calma sea lo más adecuado cuando ya se escuchan carreras por los pasillos. En el PP se practica la política del corrillo donde el personal se desahoga con libertad y comentan las últimas jugadas como si hablaran de la Liga de la Gaviota. Nunca antes se había dado el caso de tanta gente que sale a fumar, incluso fuman los que no les gusta el tabaco. Cuando se habla entre pitillos es porque ha regresado el tiempo de la trinchera. Y por debajo de las puertas de los despachos se escapan hasta las metáforas más perversas, de ahí que alguien tan comedido como Gustavo de Arístegui haya hablado de un ?chikilicuatre? en las listas. A estas alturas sólo hay en España dos personas que parecen ignorar su destino: Frank Rijkaard y Mariano Rajoy.
Blanco habla de Rajoy como el Llanero Solitario, lo cuál da una idea del tipo de series de televisión que le gustan a Blanco, pero no va mal encaminado. Lo cierto es que, hoy, la única manera que tiene Mariano Rajoy de volver a casa con un triunfo es coger una bufanda, echarse a la calle y caminar hasta La Cibeles para confundirse con los hinchas del Real Madrid. Eso y no perder la esperanza.

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