En Buenos Aires y con frío

Por: RAFAEL MARTÍNEZ-SIMANCAS

Disculpen la molestia: mes de julio, niebla, frío y quizá algo de lluvia. Buenos Aires, Argentina, esa ciudad que está llena de Borges y de Mafaldas que llevan prisa, enorme espacio por el que dan ganas de caminar si no fuera porque las aceras son muchas y las piernas las de siempre. En el cementerio de La Recoleta he visto las tumbas de la oligarquía del siglo XIX y XX, el peregrinar hacia Evita, una estatua de una joven vestida de novia con un perro a su lado; ella murió en pleno viaje de novios en Austria, y el perro murió por la pena. En La Recoleta los panteones quedaron abiertos, a través de sus cristales rotos se ven algunos ataúdes descolocados. Una muerte muy natural, cargada de vida porque las zonas de copas están al otro lado de la tapia del cementerio. Digo yo que cuando esas almas resuciten tendrán un gin-tonic a mano.
He paseado también por el barrio de Palermo, moderno y alternativo, y por San Telmo donde los escaparates recuerdan la letra de ?Cambalache?, aquella en la que el tanguista aseguraba haber visto llorar la Biblia junto a un calefón, (un calentador de agua). El tango hablaba de siglo XX, ?problemático y febril?. Hoy es siglo XXI, en el momento en el que escribo cae la tarde porteña en paisaje previo a la nieve. La niebla le da a las ciudades el tono de los sueños y de los cuadros de Caspar David Friedrich, aquel representante del romanticismo que pintó el frío de Alemania sin saber que también le hacía un homenaje al invierno de Buenos Aires. Quizá también Goethe habría amenazado con romper esta postal que veo desde la habitación 911 del Sheraton, como lo intentó con los cuadros de Friedrich al que tuvo por amigo hasta que un enfado los dejó de enemigos íntimos.
He pasado una semana viendo cine español, una semana creada por la Comunidad de Madrid para traer lo mejor de nuestro. He escuchado a mi lado, en desayunos y conferencias, la voz de tormenta de Sancho Gracia y he visto emocionarse a Analía Gadé. En el cine del Patio Buldrich exhiben ?Las Trece Rosas?, ?Siete mesas de billar francés?, o ?Azul oscuro, casi negro?. Hasta este lugar del invierno ha llegado la embajada cultural del cine español para contar relatos de ?gallegos?. A uno de ellos, bastante mayor, le ví emocionarse al recordar su barrio de Madrid al que dejó hace sesenta años. La memoria es siempre estática, de imagen fija, y se nos quedan los recuerdos sin actualizar pero tan vivos y presentes.
No hay noticias de Gardel pero le escucho en todas partes, es como si fuera a volver en cualquier momento. El Río de la Plata es tan grande como un océano. En el barrio de La Boca una mujer mayor, ajada y triste de ojos, me pregunta si he bailado el tango. No, algunas cosas es mejor dejarlas para luego.

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