Masa encefálica

Por: RAFAEL MARTÍNEZ-SIMANCAS

Los muertos por arma de bala dejan la calle en cuarentena hasta que llega el juez a levantar el cadáver, y entonces los vecinos se aproximan a las cámaras de televisión para decir que les extraña que ocurran esas cosas porque el suyo es un barrio tranquilo. (Hay tantos testigos como marcas de chándal). Si conocían a la víctima o al agresor, entonces hacen un canto a lo buena personas que eran y cómo pedían el café con dos de azúcar en el bar.

Pero siempre hay un rastro de masa encefálica que tiende a secarse entre las ruedas de los coches aparcados, parte de lo que se queda después de que el SAMUR levante la tienda de campaña amarilla. Es la huella del crimen, y en Madrid tenemos un exceso de crímenes recientes. El calor y la noche le dan a los disparos el tono de las novelas negras pero aquí mueren blancos y chinos. De alguna parte han debido salir las armas y los ?desalmados? que aprietan los gatillos.

Da la impresión de que uno puede matar, o ser matado, con total impunidad pero en cambio le multarán por ir a 72 km/h por un túnel de la M-30. El día en el que esos radares sean capaces de detectar delincuentes, entonces serán útiles para la comunidad.

Ojo porque en las noches estrelladas cruza el cielo una bala perdida y es capaz de herir a dos transeúntes en la calle Luchana. También la muerte llega de rebote y toca el hombro que nadie espera.

Con la masa encefálica seca se escribe el nombre del crimen.

Compartir:

Etiquetas: ,

Deja una respuesta

*