Ciudadano Levi

Por: RAFAEL MARTÍNEZ-SIMANCAS

Con una simple frase se cambia el sentido de la campaña electoral del país más poderoso del mundo. Y esa frase no llega de un talibán, ni de un mata-tigres como Putin, ni del chulángano venezolano. La frase parte de una adolescente que dijo: ?mamá, siéntate, tenemos que hablar?, y en ese momento a la señora Palin le dio una temblequera de banquetilla y sintió la necesidad imperiosa de buscar asiento ante la dimisión repentina de músculos y cartílagos. En la Convención Republicana experimentan el llamado ?efecto mariposa?, o cómo un juego de adolescentes en Wasilla, (Alaska), tiene consecuencias políticas cinco meses después en Saint Paul (Minessota). Levi Johnston y Bristol Palin se pusieron a descubrirse mutuamente hasta que el final de la pasión los encontró desnudos y abrazados, tal cuál dicen las letras de las rancheras. Ninguno de los dos tomó medidas y de aquella situación embarazosa a este embarazo de cinco meses. Desde la famosa ?mano de Dios? de Maradona, ningún otro posible penalti había sido tan televisado.
De los miles de espermatozoides que ese día andaban sueltos por Wasilla, sólo uno alcanzó un óvulo sano: perteneciente a la hija de Sarah Palin. Laplace tenía razón: la casualidad matemática también existe y gobierna nuestros destinos. Y como el amor es ciego, y los espermatozoides no ven, aquella simple acción de adolescentes se complicó con el tiempo hasta llegar a ser portada. Naturalmente mamá Sarah ha solucionado el conflicto a la antigua: ?los niños se van a casar?. No sabemos qué opinión tiene el ciudadano Levi, pero es fácil imaginar su dócil entusiasmo al ver las fotos de la suegra disparando con un rifle, porque doña Sarah donde pone el ojo también va la intención. Es decir que no le quedaba otro camino a la pareja que pagar con vicaría sus pecados; mentarle el aborto o los preservativos a ?mamá Sarah? no es nada recomendable cuando ella limpia sus escopetas.
Levi Johnston pasará a la historia de los Estados Unidos por haber sido el chico más imprudente del Instituto de Wasilla, y así como Al Capone se perdió por no pagar a Hacienda, Johnston se va a perder por un espermatozoide anónimo que cumplió su función de placentero portador del código genético. Hay veces en las que las cosas se complican de una manera descomunal; seguro que Johnston no pensaba en el cañón de luz que iba a caer sobre él, como miembro de la familia Palin, en la Convención Demócrata, (ni en las nubes de confeti). Seguro que el chaval no tenía la cabeza en las cámaras de televisión cuando hacía maniobras en la oscuridad, allí en su pequeño pero fogoso pueblo de Alaska.
A Sarah Palin no le detiene el embarazo de su hija, lo que realmente le fastidia es que le llamen abuela a su temprana edad. Ya se puede cuidar Levi Johnston de no defraudar a la suegra que debe tener un carácter encantador. Levi ha entrado en la historia por la puerta de atrás de un coche aparcado en un cine. Hay películas que son un tostón.

Compartir:

Etiquetas: ,

Deja una respuesta

*