Tomás Gómez en el ?exilio?

Por: RAFAEL MARTÍNEZ-SIMANCAS

Tenemos Príncipe pero nos falta el trono, tenemos candidato más carecemos de un lugar digno donde poder lucirlo. Esto es lo que le ocurre al PSM que tiene que dar ruedas de prensa en una sala ?prestada? por la Asamblea de Madrid y que como todo lo transitorio tiene vocación de permanencia, (por mucho que se queje David Pérez). Sólo faltaría que le impidieran el paso a Tomás Gómez por llevar calcetines blancos, que no usa. Pero no es de recibo que para explicar dónde comparece el secretario general del PSOE madrileño haya que indicar el cuarto de las escobas, el ascensor, el hueco de la escalera y dos salas más al fondo.
Sucede que el secretario general, la persona que manda y dirige la nave del principal partido de la oposición vive en un limbo jurídico-parlamentario: no es diputado regional y ha dejado de ser alcalde de Parla a petición propia. Y, mientras busca una sede más representativa de la que tienen en García Noblejas, Tomás Gómez deambula por el exilio de los pasos perdidos, donde están ?las naves en llamas más allá de Orión?, (que decía el replicante de ?Blade Runner?). Teniendo en cuenta el tiempo que falta para las próximas elecciones a Tomás Gómez esta travesía del desierto se le puede hacer muy larga, y harto incómoda. Si el PP no consigue echarlo de la Asamblea seguro que al menos le van a poner la silla que se afloja en mitad de la rueda de prensa; le van a hacer la vida imposible o le van a enviar a hablar a la cafetería con el estruendo de las tazas del desayuno. Una locura en sede parlamentaria.
Tomás Gómez ha heredado un partido en marcha y lo tiene que forjar a su imagen y semejanza. Debe encontrar alguna fórmula para comparecer sin necesidad de tener al lado a Maru Menéndez como si fuera el invitado por un socio de un club de Vallecas. Le hace falta encontrar el sitio como al torero que deambula por Las Ventas buscando dónde se posan los papelillos que el mozo de espadas ha lanzado al aire, allí estará el lugar donde más calmado está el viento. Sin lucimiento no hay faena sino desorden.
Recoger un partido después de unas elecciones no es una tarea fácil, el ejemplo más próximo lo tenemos en Hernández Mancha al que se merendaron en dos tardes. Tomás está obligado a hacerse con las riendas antes de que algunos tengan la tentación de golpear la grupa de su caballo para ver cómo se aleja. Una de las medidas urgentes consiste en encontrar un espacio adecuado, con los símbolos oportunos y la solemnidad debida. Lo que distingue a un obispo de un monaguillo es el lugar destacado que ocupa en la misa puesto que a los dos se les supone hombres de fe. Sin la debida liturgia política cualquier encuentro es una asamblea, y así se diluye el efecto de liderazgo.

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