La ira prendida y humeante

Por: RAFAEL MARTÍNEZ-SIMANCAS

El sindicato de ángeles de la guarda no conoce horas extras ni festivos, prueba de ello es que no llegaron a explotar los artefactos incendiarios colocados en la iglesia de Santa Genoveva de Torres, en Majadahonda. No hablaremos de milagro porque no llegará el expediente a Roma pero sí hay que tener muy en cuenta la perspicacia del párroco que se alertó por el olor a gasolina y de ahí hasta encontrar las botellas. Algún descreído pensará que no hay nada extraordinario en que un cura huela a gasolina pero no desdeñemos el trabajo del ángel de la guarda que le condujo por buen camino. El párroco podría haber tenido catarro, o podría haber pensado que era un olor que procedía de una gasolinera pero no fue así. Miró al cielo, (algo que es muy recomendable cuando uno es sacerdote), y localizó los artefactos en los conductos del aire acondicionado tal y como sucede en las películas.
En esta ocasión el diablo tiene coartada, lo más probable es que se trate de una acción humana no exenta de mala leche; las bombas caseras estaban colocadas para prenderse durante una de las misas de la mañana del domingo hasta convertir la iglesia en un pasaje del infierno con llamas. De lo que podría haber pasado es mejor no darle mucha cancha al presunto homicida, pero es seguro que de buena nos hemos librado. Dios no puede estar en todas las cosas y menos en los experimentos caseros de construcción de artefactos incendiarios así que hay que darle las gracias al sindicato de ángeles de la guarda que por fortuna no conocen el concepto de servicios mínimos.
Lo inquietante es saber si el malhechor ha agotado su maldad con este hecho delictivo, o si estamos ante un homicida que le ha cogido el gusto a colocar cócteles molotov en las salidas de ventilación de cuantos lugares estime oportuno. De nuevo acudamos al sindicato de ángeles de la guarda para que se trate del primer supuesto, alguien que ha actuado por locura pero que no piensa repetir. Aunque un grado tan sofisticado de producción y el detalle de calcular el tiempo antes de la explosión hacen pensar en lo contrario, así que de aquí en adelante y hasta dar con el botarate bien conviene revisar los tubos y dotar a los ángeles de la guarda de extintores oportunos.

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