La tercera dama

(Publicado en ABC Madrid, el sábado 14 de enero. 2012)

Cristina Cifuentes es más conversadora que conservadora. Prueba de lo primero es que no resulta raro verla en alguna tertulia televisiva, y prueba de lo segundo es que se desmarcó de la línea oficial de su partido que recurrió el matrimonio homosexual. Cifuentes no pasa desapercibida en una reunión ni por su presencia, ni por lo combativa que es con sus argumentos. Y prueba del éxito que ha tenido su forma de ser es que todos los grupos parlamentarios madrileños han aplaudido su nombramiento; es delegada por aclamación, ya es raro. Ahora bien, a partir de ahora tendrá que abandonar tertulias y espacios virtuales en los que se movía como pez en el agua, (por no decir “gato”), y recortar su intensa vida en Twitter dónde profileran sus comentarios y no era extraño leer un cuerpo a cuerpo con quién le quisiera plantear batalla ideológica. Si había que remangarse lo hacía. Dicho a lo castizo: si a Cristina Cifuentes le buscan, le encuentran. Otra cosa es que, ahora, el mando y la autoridad que le confiere ser la “tercera dama de Madrid”, por detrás de Aguirre y Botella, le recorte vehemencias.
Las hemerotecas dicen, y los que la conocen desde hace tiempo saben, que lleva cerca de veinte años dedicada a la política regional a la que llegó desde la Universidad Complutense cuándo el entonces rector, Gustavo Villapalos, decidió dar el salto al Gobierno de Gallardón. Más tarde supo reciclarse del equipo de Gallardón al de Aguirre y le salió mejor que a otros que luego se quedaron tirados. Es una gran lectora y con notable habilidad para la ironía; en una ocasión declaró a este cronista que a ella lo que más le gustaba era leer tumbada en el sofá de casa porque “yo me realizo en horizontal”, (frase que ha quedado en la memoria colectiva de las cosas madrileñas).
En su Face Book tiene fotos junto a políticos de derechas, centro e izquierda, y en más de una ocasión ha presumido de tener amigos “rojos”, una amistad que debe ser de ida y vuelta a tenor de las fotos. Quizá en su elección haya primado que cuándo toca ponerse a la faena lo hace y en su día dinamizó la actividad del PP en los pueblos de la región, más tarde fue vicepresidenta de la Asamblea de Madrid, y luego le tocó presidir el comité de garantías que expedientó a Cobo por sus palabras contra Esperanza Aguirre. Pero eso ya pasó, “pelillos a la mar” como dijo la presidenta queriendo olvidar las “náuseas” que le provocaron aquella “gestapillo de vómito” al entonces vicealcalde de Madrid, ahora felizmente reubicado en IFEMA.
C.C, (era Brigitte Bardot, rubia también, la que dijo que para triunfar en la vida conviene tener nombre y apellidos que compartan inicial), tiene la difícil misión de velar por el orden y la seguridad de los madrileños. Un asunto que le restará tiempo para leer y escribir en Twitter, pero a diferencia de sus antecesores sabe que no juega en territorio comanche, conoce bien la administración regional.

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