Nos conocimos en El Prado

Había ido a ver mi cuadro favorito, “El Jardín de las Delicias”, de El Bosco, pero a la salida me encontré con una exposición de escultura griega y romana. Y estaba semejante efebo, (pínchese antes de usar. Foto del autor).

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Dos mil seiscientos años con esa pose, tal y como Praxíteles lo trajo al mundo. Este hombre pasó a la historia por la “curva praxitélica”, una manera de relajar los cuerpos para que tuvieran mayor belleza. Y lo probó en carne propia, con su amante que era la modelo Friné, (un cañón de la época que le puso las caderas a las diosas y su carne al servicio de los hombres).

Asuntos de familia aparte, ¡qué gran entrevista tendría Praxíteles!, nos podemos detener en que hay bellezas estáticas y dinámicas. Según nos acodemos, según nos pongamos, es aquello de mostrar “el lado bueno”.

¿Por qué hay gente que nos parece encantadora sin haber cruzado una palabra con ellos en nuestra vida?, ¿Hay algo de Praxíteles en las formas que nos enamoran?, ¿Por qué lo que nos entra por el ojo luego puede llegar al corazón?

Este Praxíteles montó un lío en las relaciones personales, y no sólo con la que mantuvo con Friné, (a la que dejó literalmente de piedra). A ver si al final todos nos guiamos por criterios y dimensiones de los clásicos. ¿Pero no era el amor una revolución?, pues según parece no, es mucho más previsible. Somos tal y cómo nos ven, y tal y cómo la luz incide sobre nuestro cuerpo.

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7 Respuestas en “Nos conocimos en El Prado”

  1. Carlos García dice:

    ¿Apolíneo o dioniosíaco? Por cierto, tiene una variz en la pierna izquierda y mazaduras en la derecha.
    La culpa la tienen los píxeles de tu i-phone. Yo, de tí, me querellaría contra Apple, por haberle puesto i-latina y no griega al ‘mancontro’.
    Por otro lado, muy pertinente lo de ‘acodarse’ en vez de apoyarse -por la parte arrimada, claro-.
    Praxíteles, que te pierden los píxeles…

  2. victoria dice:

    Se le ve resuelto al tipo, natural, seguro de sí mismo, sin un atisbo de preocupación, ni mucho menos estrés. Sin duda eran otros tiempos. Imposible conseguir la misma calma en el rostro hoy en día.
    Me imagino que después de contemplar el cuadro del Bosco, complicado y con múltiples lecturas, la estatua te parecería extremadamente bella por su simplicidad. Creo que nos enamoramos por identificación de nuestra idea del amor, lo bello, con alguien con el que nos cruzamos en un momento dado de nuestra vida.
    El mérito y la responsabilidad no lo tienen tanto él/ ella sino más bien nosotros que elegimos entre miles, millones de posibilidades. De ahí, a veces, la frustración y decepción que producen una mala elección que nos lleva a preguntarnos miles de veces en qué estaría yo pensando para acercarme o dejar que se me acercara semejante individuo….
    Victoria.

  3. laavutarda dice:

    Es verdad, Carlos, es un i-phone y de ahí sus limitaciones pero no es mala foto para estar sólo iluminada con la luz de la sala. Piernas y manos fueron una reconstrucción posterior que hizo Bernini y se nota un huevo pero no entremos en detalles técnicos que esto no es el blog de Norman Foster, (ni yo conozco a la doctora Ochoa).
    La comparación Praxíteles-píxeles es muy acertada.

    Victoria: claro que es un tipo resuelto, es lo que en Cuba llaman “un guapo”, una persona que se deja caer y que sabe que belleza, sexo y risa las tiene en su mano, (o en su pito).
    La estatua es tan complicada, o más, que “El Jardín de las Delicias”, que dejaré para otro día puesto que también saqué foto. La estatua representa la primera vez en la Historia en la que el hombre captó la belleza estática. Y no es poco.
    Yo creo que nos enamoramos de la gente que sabe ponerse de manera adecuada en el sitio correcto. En una radio en la que trabajé había cola para ver cómo una chica se acercaba hasta la máquina de las fotocopias, no era tanto su belleza sino la forma de desplazarla, y la distancia cadera-pierna-deseo. Ella nunca supo de Praxíteles, estoy convencido, pero se le veneraba como una estatua clásica. Ella sin saberlo, y nosotros sin fotocopias.
    Y no diré nada más porque hay cosas que uno debe guardar para cuando cuente su biografía.
    Hasta aquí la historia de este rincón de El Prado.

  4. victoria dice:

    Nos dejas con la miel en los labios….qué suspense, qué ganas de seguir leyéndote…pero nos cortas abruptamente y sin remisión como las mamis/papis cuando cierran el cuento por las noches y dicen:…” y ahora a dormir…” No hay derecho….cualquiera se concentra ahora…
    ¡Qué buen ambiente el que se respira en aquellas oficinas repletas de chicos/chicas!, mejor sin duda que cuando sólo hay chicas. Hay que ver cuánta “mala leche” gastamos entre nosotras… ¿Por qué sera esto así?…..
    Victoria.

  5. Carlos García dice:

    Tiene razón Victoria, pero no terciaré. Gato escaldado…
    Rafa, si hacía las fotocopias sería becaria. ¡Y todos queriendo ser una Rank-Xerox! La culpa era del tóner, ya lo sé.

  6. laavutarda dice:

    Os recomiendo también una lectura a las teorías de Euclides, cuando habla de la proporción correcta.
    No era fotocopiadora sino la máquina del café a la que se dirigía, no era becaria. Y yo me hago las fotocopias solito, no seamos machistas.
    Pero… como dicen en las películas de abogados: “¡No diré más, Señoría!”.

  7. victoria dice:

    ¡No terciaré! ¡No diré más!….chicos, ¿qué pasa?….contadnos aquello que os guardáis…explayaros….desahogaros…abrid vuestras carnes….que no cobran por hablar…..o….. quizás prefiráis el misterio…Todos tenemos una ligera idea de lo que dan de sí las máquinas de café, las fotocopiadoras etc..
    Victoria.

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