Volver a los 17

(“La Gaceta de Salamanca“, domingo 21 de julio 2013)

Las canciones nos eligen, se cuelan por el mecanismo sensorial y tienden a reaparecer cuando menos se les espera, lo hacen de manera insolente porque para eso nuestro cuerpo es suyo y lo agitan en distintas sacudidas emocionales. Las canciones de nuestra vida se ponen en marcha solas, sin necesidad de darle al botón del “play”, o de meter una moneda en la máquina como hacíamos antes de la generación 3.0, allá por el pleistoceno de la música a 45 rpm. Estamos en pleno verano y ha vuelto a mi cabeza “Volver a los 17” en la voz de Violeta Parra, una canción que sirve para recordar aquellas cosas importantes que hicimos en los veranos de nuestra juventud cuando cometimos la osadía de asomarnos al precipicio del primer amor, o nos adentramos en la intensidad de nuestra primera novela de adulto. En verano los ríos fluyen mas lentos porque bajan cargados de leyendas.
He vuelto a las páginas de “Crónica del Alba” de Ramón J. Sender, un relato que tiene mucho de verano y adolescencia con Valentina de amor imposible. Al margen de la actualidad que es martillo de repetición sobre temas de argumento circular: corruptos, golfos, desahogados y meretrices de “realitys” queda vida inteligente. Nos queda todo un verano, aprovechémoslo regresando a los 17 que es la mejor manera de disfrutar de aquello que se nos ofrece gratis y despreciamos porque no viene en los catálogos de agencia. De manera paralela a un mundo convulso existe otro de adolescentes que se enamoran sin mirar el reloj ¿Quién se atrevería a decir, adolescente y enamorado, que el verano fuera a acabar alguna vez?, parece imposible, no reconocemos otra estación del año que provoque mayores alegrías.
Y quién propone volver a los 17 también sugiere disfrutar a los 72, recuerden que son las canciones las que nos atrapan y suenan en el momento mas inesperado. Nosotros no podemos hacer otra cosa que disfrutar de su rítmo y letra, negarlas sería una temeridad porque no están los tiempos como para regalar emociones positivas. Es la música la que nos eleva por encima de un mundo bastante ramplón que se alimenta de sus miserias en un peligroso circuito de canibalismo emocional. Habrá que dejarse llevar por la música como ratones detrás del flautista y disfrutar a lo ancho de un verano que está creado para adolescentes enamorados.
“Nos despertamos/ sin saber qué pasa/ chupando un palo sentados/ sobre una calabaza”, cantaba Serrat. Sí, claro, de vez en cuando es la vida, no le podemos decir que no, no podemos rechazar su invitación si nos saca a bailar al centro de la pista.

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