Memorias tristes de ZP

(“EL BOLETIN“, jueves 28 de noviembre 2013)

Zapatero ha narrado su vida de presidente en un libro de memorias con el que no debe estar muy contento porque cada vez que hace una entrevista promocional la nieve cae de manera mansa sobre sus hombros. Es posible que no haya escritor que promocione su producto con menos entusiasmo que Zapatero aunque también es verdad que su vida en La Moncloa no ha debido ser una cosa de grandes carcajadas porque sobre la vertical de su cabeza se instaló la espada llamada “crisis” que él se negó a reconocer hasta que la espada se le hundió en todo el ego. Y fin de la cita.
Zapatero escritor es bastante penoso, no por lo que escribe que bien repasado está por parte de la editorial, si no porque no sabe vender el producto y provoca un rechazo nada mas empezar a responder preguntas. En lo que respecta al marketing tiene mucho que aprender de Belén Esteban que es número uno en ventas en España, lo cuál dice muy poco de los españoles que presumen de seguir a Punset y de ver los reportajes de La 2, (y al final ¡toma Esteban!). Zapatero es el payaso triste que sale con el acordeón a darnos el coñazo cuando todos estamos esperando a que vuelva la trapecista de muslos dorados para creer en un mundo mejor.
Esta mañana el ex presidente estuvo en la SER y allí aburrió a las ovejas que pastan en el EGM. Era tan cansina su prosodia, tan apagada su voz, tan sin discurso sus palabras que echabas de menos el anuncio de Rebeca de tiendas Aurgi. Prefiero que leerme las instrucciones de un paquete de bujías antes que adentrarme en las paradojas de este señor de León que vino al PSOE en horas bajas y que se marchó dejándolo unos zorros. De eso no habla, le interesa mas subrayar el complejo freudiano que tuvo con Ángela Merkel que lo trataba como a un niño pequeño.
Son las memorias del Prozac, las podría haber escrito con mas entusiasmo pero eligió ser escritor de melancolías agudas. Recuerda a la poesía de César Vallejo: perdonen la tristeza que en su caso sería perdonen el segundo mandato y perdonen que por mi culpa ganara Rajoy. Si al menos en las últimas páginas hubiera escrito mil veces: “Ángela Merkel es buena” el libro habría tenido un sentido. Pues no, el efecto disuasorio que diría Fernández Díaz, duque de la Valla, es demoledor.

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