La mundial

En unos días comienza el gran acontecimiento mundial que es un Mundial, repito el término porque es lo mismo. Suerte tienen que la coronación no coincida con un partido de España porque las deserciones en senadores y diputados hubieran sido gloriosas. Nada hay que tiren mas de dos córners o dos penaltis, de hecho los bares se llenan y se acaban los cacahuetes y los monos se pasan a comer unas oreos hasta que vienen de América con nuevos cargamentos para más partidos.
El mundial que es la mundial se convierte en pesadilla nacionalista de unas aficiones contra otras, y es el único deporte en el que no se permite tener doble nacionalidad. En España ya nos hubiera gustado ser de Alemania, o de Brasil pero no nos dejaban ser otra cosa que aquellos que se volvían a la primera eliminatoria porque nos ganaba todo el mundo, era el equipo que hacía felices a los demás.
La atención está en la recuperación de Diego Costa al que le pusieron células de yegua pero se debieron equivocar de yegua y le tocó de percherona cuando esperaban que fuera un pura sangre para ganar la quiniela hípica y, sin embargo, salió coja la yegua que es una desgracia como que te toque un viaje al Caribe y sea justo en la semana de aguaceros de septiembre.
Brasil siempre vale una excusa, lo que no sé si merece una visita solo para el Mundial. La mejor fruta del desayuno la he comido allí y era fruta con sabor, la piña es para cantarle algo y el coco debería ser gloria nacional. Playas parte es un país maravilloso que no se puede perder en mirar si Costa trota o galopa. Y al que llegan las cámaras de televisión para contar un lugar idílico sin conflictos, ni favelas. Eso es otro Mundial.

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