El astrólogo fingido

Por: RAFAEL MARTÍNEZ-SIMANCAS

Guarde los adjetivos y refranes populares acerca del frío para la semana que entra, que no se le agoten, de nuevo se aproxima otra borrasca que nos va a provocar heladas en las orejas y nevadas en las alturas (las cejas). Dicen que el clima está más loco que una cabra con ligueros, y dice la ministra de “Miedo” Ambiente, Cristina Narbona, que las aguas subirán anegando regiones costeras, (por el momento no ha dicho nada de Salamanca pero si usted se cruza con un bogavante o un mero con bufanda, comience a sospechar). El mundo se deshace y el hombre que se mira a un espejo encuentra al culpable, somos nosotros mismos sin ir más lejos los autores del desaguisado cósmico.
Le copio el título de la columna a una obra de Calderón que ahora hace estación de divertimento en el Teatro Liceo. Quizá un astrólogo en condiciones nos podría decir en qué momento se desajustan los planetas y a partir de ahí el hombre se confundió hasta llegar a esta orilla del caos. En el centro de Madrid han encontrado a un halcón que caza gorriones, un depredador fuera de su hábitat que se acerca a la ciudad llevado también por los efectos perversos del cambio climático. Tampoco hace falta acudir a referencias del reino animal, conozco a personas que están como una chota envenenadas por la contaminación ambiental. Una zanahoria en mal estado puede provocar alucinaciones irreversibles; a cualquier producto le llaman ahora fertilizante.

Hoy es día de urnas, de referéndum, que es una palabra bajo palio, de las que implican muchas cosas. Hace casi veinte años otro referéndum mandó al régimen de entonces al archivo, (no tanto al franquismo según parece). Viendo las viejas imágenes de cuando los policías iban de gris y franja roja en la gorra, me he acordado de algunos capítulos de la desaparecida serie “Cuéntame”. Los guionistas han sabido jugar con los recuerdos, de tal manera que los entrañables son de color sepia y la realidad se presenta en color. Me pregunto hoy qué habrá sido de Inés, personaje que borda la actriz Irene Visedo como si fuera la Natalie Wood de Carmen Cafarell. Esa pobre chica incomprendida, criada en unas normas que no comparte y adelantada a su tiempo, siempre con cara de ser la Penélope que cantaba Serrat. ¿Qué habrá sido de ella, “con su bolso de piel marrón, sus zapatos de tacón y su vestido de domingo”? Deseo que su presente sea tan en color como ella se merecería pero algo me dice que el dolor de Inés se muestra en blanco y negro, como una realidad que aún duele. Ningún astrólogo sabría decir qué mal acucia a Inés, primera española afectada por el cambio climático ya entonces.

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