Trillo en pasta dura

Por: RAFAEL MARTÍNEZ-SIMANCAS

Trillo ha hecho una guerra y un libro, es posible que los errores siempre vengan encadenados. Su amor por la estética y por Shakespeare nos ofreció versos satíricos de gran calado, pero luego apareció su lado canalla y fue ofreciendo euros a los periodistas díscolos que le hacían preguntas impertinentes.
Su libro es de memorias, por lo tanto de recuerdos parciales. No hay nada más selectivo que revisar el pasado de uno mismo con ganas de condescender. En la portada se le ve sanote, amable, ministro y algo tuno (de la tuna compostelana por un poner). Y dentro cuenta que dimitió, que Aznar le retuvo con un poco de perejil y buenas palabras, que Rato fue díscolo. Esta última observación es lo mejor porque ahí se explican grandes claves de la sucesión aznarí.
Ahora todo el mundo escribe un libro con la sana intención de que lo compren, e incluso que lo lean. En su caso suena a alegato, a defensa, a exculpación de cargo. Trillo habría sido un gran actor si no fuera por lo agrio que fue el papel de la tragedia nacional. Era un ministro de la sonrisa y le tocaron los lutos más duros de nuestra historia reciente.
Su sentido del humor británico le debería haber llevado a regalar un euro con cada ejemplar, para que se quedaran tranquilos los recalcitrantes. Su libro lo comprarán sobre todo los mismos que hacen cola ante Aznar, aquellos que piensan hacer oposición también con las listas de más vendidos. No digo que no sea una buena obra, lo que cuento es que hay hiel entre sus tapas. Se nota.

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