«Cuando te crucifican no es tan duro»

Por: RAFAEL MARTÍNEZ-SIMANCAS

Reinaldo González, joven actor vocacional de Chinchón, interpreta a Jesús en la representación que celebra su pueblo cada Sábado Santo

Hubo un Jesús de Nazaret que caminaba sobre las aguas, Reinaldo González es un joven de Chinchón, actor vocacional, creyente convencido que camina sobre el campo que trabaja, «soy agricultor, trabajo de sol a sol junto a mi padre y mis cuatro hermanos, cultivamos el ajo, el maíz, pero también la viña y el olivo» (que es el árbol bíblico por excelencia). Reinaldo es el protagonista de la obra que escribió el cura Lezama, en 1963, y que desde entonces se representa en el pueblo siempre en Sábado Santo, el milagro es que cada año 15.000 personas (más del triple de los habitantes que tiene Chinchón) se dan cita en la plaza del pueblo.
«Para mí la semana de pasión de verdad comienza hoy, a siete días vista y suenan los tambores, cuando me empiezo a poner nervioso pensando en todo lo que me espera, en la responsabilidad. Yo soy una persona tímida, no tengo estudios, todo lo hago porque lo siento. Hacer de Jesús es el mejor papel que existe pero a la vez me vence».

Éste le volverán a vestir con una túnica blanca y un ejército de romanos irá a buscarle para iniciar el ritual. «Cuando el actor que hacía antes el papel tuvo que renunciar, porque el físico condiciona mucho (si sale tripa te recomiendan que lo dejes,) me tocó a mí porque era el suplente. Prometo que estuve todos los días del año pensando en la que se me había venido encima».

Lo dice porque es hombre meticuloso y metódico, y porque este año han estado a punto de tener anécdota: «No aparecía la peluca.El peluquero que se hace cargo de ella después de la representación la extravió y hemos tenido que ir a Madrid a que me tomaran medidas».

La barba es natural, se la empieza a dejar el 1 de enero y para el final de la cuaresma está lista para cumplir con su papel.Dice la directora de la obra, Petri Esteban, que Reinaldo es un actor extraordinario, «al principio mis amigos (comenta él), me gastaban bromas: ‘¡Ahí viene Jesús!’, pero al final lo han aceptado porque saben que soy creyente y practicante de los que va a misa todos los domingos. Pero no me molestan las bromas, que conste». En cuanto al mito que asegura que Dios está más cerca de la gente de campo, de los humildes, «es cierto que hay momentos en los que lo llegas a pensar. Para mí vivir la vida de Jesús durante unas horas es muy bonito, sé que me echa una mano».

Bajo la túnica afirma que no siente ni frío ni calor, todo lo contrario de los otros personajes que le rodean: «No veas los tiritones que pegan algunos romanos con la faldita tan corta».Lo más dramático se concentra en el calvario que se instala en la Plaza Mayor, (allí donde Cantinflas toreó una vaquilla en La Vuelta al Mundo en 80 días): «Cuando te crucifican no es tan duro, no siento ni viento ni lluvia, en la cruz estoy tan a gusto».

Pero tengamos en cuenta que la crucifixión es, además, del punto fuerte de la obra el momento más incómodo para Reinaldo, «¡madre mía, la primera vez lo pasé fatal: la altura de la cruz, el calvario que está en cuesta y mirando para abajo! Hasta pensaba que se iban a soltar los clavos y yo detrás». Por supuesto que no le crucifican de verdad, tal y como hacen en algunos pueblos de Filipinas, «los clavos van entre los dedos, pero cuando dan los martillazos se les escapan y te pueden dar en la palma de la mano. Cuando te dan con el martillo, ¡la madre que los parió!, llegas a pensar si lo han hecho adrede. Tanto que hace dos años me durmieron las manos con los golpes». Será que la fe le sostiene en esos momentos de zozobra y dolor.

Al principio también le preocupaba que el calzón estuviera firme en su postura, hasta se tiraba de la goma para comprobar que todo estaba en orden, «la primera vez que hice el papel tenía pesadillas: por un lado que me caía de la cruz y por otro que se me bajaba el calzón». Dos extremos imposibles puesto que la obra está cuidada al máximo y hasta cuentan con estilista y asesor de imagen que tiene listos los abalorios del hijo de Dios: corona, sandalias, manto, sangre pintada, etcétera.

Prueba de que vive el personaje con intensidad es que llora cuando se encuentra con la Verónica y ella le limpia la cara, «es que ahí llora todo el mundo, hasta la gente joven que es menos creyente».Y para que luego digan: su relación con Judas es inmejorable, «Judas es un chico majísimo, el actor que lo representa es amiguete, aunque cuando nos metemos en el papel no se crea que me mira bien».

Reconoce que su personaje es el más lucido, el que todo el mundo aspira a representar algún día: también hay otros más tranquilos «de antorcherito o de romano, pero ya le he contado que son los que pasan más frío». Está convencido de que Jesús tuvo algo con María Magdalena, «fueron amigos con derecho a roce, sin duda».Reinaldo está casado, pero aunque a su mujer le gusta el teatro no participa en la Pasión, «para que luego no digan que la mujer de Jesús, no sé qué y tal».

El sábado que viene será la octava vez que salgan a prenderlo, la octava vez que le lleven ante Pilatos, la octava vez que se cruce con la Verónica, y la octava vez que lo crucifiquen (esperemos que los romanos estén acertados con el martillo y no añadan más dolor a la tragedia histórica). «De momento mantengo el físico adecuado, de aquí a unos añitos ya veremos, cuando me vea con tripa lo dejaré». Y después, ¿acaso piensa en otro papel dentro de la misma obra?: «No hay otro, no puede ser. Cuando has sido Cristo no te puedes acoplar a otro personaje».

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QUÉ HACER CUANDO RESUCITAS
Lo lleva todo medido como si fuera otra tradición pero más lúdica y de vuelta a la normalidad de su cuerpo: «En cuanto resucito y acaba la obra me marcho corriendo y lo primero que hago es quitarme la barba, se me pone una cara de crío terrible». Se cruza entre la gente que ha ido a ver la representación y no le reconocen porque no se lo pueden imaginar limpio, sin sangre, sin corona de espinas («que pincha porque es de espino de verdad») y vestido de calle con unos vaqueros.

Luego, al día siguiente, si hace bueno «me voy de comida al campo con los amiguetes». Por algún lado tiene que liberar la tensión de haber sido Jesucristo durante unas horas pero haber estado metido en el papel, y en tensión, durante todo el año. Al menos hasta que acabe el verano y llegue el fin de la cosecha, Reinaldo González podrá descansar de su peso histórico para ser una persona más que hace vida con su mujer y disfruta del deporte. Si van a Chinchón le pueden ver corriendo por la carretera, faltaría más si no decimos que corre muy bien, «divinamente».

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