El tricornio verde

Por: RAFAEL MARTÍNEZ-SIMANCAS

Así como canta la copla que la Virgen del Pilar no quiere ser francesa sino capitana de la tropa aragonesa, los tricornios de Madrid no quieren ser de Alonso sino de Aguirre, quieren cambiar el charol por el uniforme de la BESCAM. Curiosa petición que nos lleva a concluir que los beneméritos creen en la victoria del PP y no tienen una brizna de duda, en otro caso podrían haber esperado un mes y medio. Singular estampa la de los guardias civiles que saltan la valla para cambiarse de bando tal y como hemos visto en la época del telón de acero. O como saltaron por la ventana del Congreso los «tejerianos» tras la noche más larga de la democracia española.

Ignoro si esta insólita estampida, (con armas o sin ellas), formará parte del documental Tres vídeos tristes con el que mañana inaugura Aguirre el festival Made in Max de Barcelona, título que se las trae para empezar bien, siempre y cuando la tristeza no venga por el lado del consejero. Pero en Barcelona el consejero Fisas juega en casa y es posible que Aguirre también porque cuando uno lleva a Antonio Carmona de su parte tiene muchas papeletas para que le aplaudan. Aunque la cultura nunca es «made» en un sitio sino producto de muchos intercambios, entre ellos la rumba catalana de Peret o de El Pescaílla tuvo mucho que ver en el cajón que marcaba el ritmo de los Ketama.

Si la presidenta tiene de su lado a los flamencos sólo le faltaban los picoletos, y que le salga bien la goyesca del 2 de mayo y César Jiménez mande a los dos victorinos directamente al tinte, o en su defecto a que los disequen los taxidermistas de Las Ventas, esos dos que son capaces de darle mejor expresión a un toro muerto de la que tuvo en vida. Lo que no puedan hacer Justo Martín Ayuso y Antonio Sánchez Guijarro es que no tiene remedio, llevan muchos años apañando el rictus incómodo que tienen los muertos (por muy bravos de estirpe siempre les queda un aire de incómoda situación). De haber vivido en época de Robespierre le habrían dejado una cara estupenda a la corte de Versalles después de pasar por la guillotina, y hoy lucirían en el Trianón como estampas de ayer.

Todo sea con permiso de la autoridad y siempre que el ganado embista, las elecciones le salgan bien y Alonso permita que los beneméritos cambien de bando como el que deja el traje de faena y se pone uno de Armani con gorra de pichi. A este paso las BESCAM van a ser tan numerosas como las fuerzas soviéticas antes de que pusieran un Burguer en la Plaza Roja. Aguirre puede tener un potencial bélico digno de arranque de película de Patton; presidenta por cielo, mar y aire. Su desfile del Día de la Comunidad puede competir con el de La Castellana. Güemes encaramado a un tanque tiene su aquel, y Lamela de ministro regional de Sanidad militar. Para la marina hay mucho candidato popular que flota más que un corcho.

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