La estética de un debate en televisión

Por: RAFAEL MARTÍNEZ-SIMANCAS

De la errónea idea de tomar la política como un espectáculo circense surge la expectación por los debates televisados. Por un lado se les echa en cara a los políticos que no sean capaces de transmitir su mensaje, pero por otro una amplia mayoría de ciudadanos sólo le dedica a informarse lo que dura un cara a cara, más tiempo de eso les da una gran pereza. Mal está que los políticos confíen cuatro años de su trabajo a dar un buen perfil en televisión, pero peor está que los españoles crean que la política se puede dirimir en un plató, como si el ganador de las elecciones tuviera que ser el que se lleva el premio gordo de ?Pasapalabra?. Esos debates tienen el peligro de que se puede perder mucho por una causa menor; tal vez trabarse en una palabra lleve al traste el trabajo de una legislatura. Son encuentros en los que quizá haya algo que ganar pero, sin duda, hay mucho más que perder.
Nada de lo que veremos mañana, (nada), va a estar sometido al azar. Los asesores de campaña van a estar pendientes del traje, camisa y corbata, (aunque Rajoy anuncia que repetirá la que usó en ?Tengo una pregunta para usted?). Esa naturalidad envarada les dará a Zapatero y Rajoy un aspecto de boxeadores caminando por el túnel que les lleva al cuadrilátero, rodeados de los suyos que le jalean y uno le lleva las toallas, otro el cubo, otro el protector dental y un cuarto le da palmaditas en la espalda como cuando Carmen Maura le decía a Tola: ?neve, tú vales mucho?. La distancia sociológica que separa a los dos candidatos es tan amplia que la acritud está garantizada, parece que el humor se vende mal por estas tierras del rigor mortis que tan alejado anda del rigor informativo.
Las apuestas son favorables a Zapatero porque es mejor ?actor? que Rajoy. El candidato socialista maneja el lenguaje no verbal y tiene más dominado el sector del voto joven y del voto femenino. Así que de la capacidad de Rajoy en convertirse en un Obama saldrá su victoria.
Y no es que los debates sustituyan a la democracia de las urnas; tampoco pasará nada para el ?perdedor?, al día siguiente será otra jornada de campaña y así hasta el 9 de marzo. Por fortuna el share, la cuota de pantalla, no garantiza la gobernabilidad pero sí faculta para enviar el mensaje lejos. Si un mitin son mil ruedas de prensa, un debate son mil mítines y quizá algunos más.
Zaplana reconocía el error de su partido al no haberse prestado a otros debates en la anterior campaña. No somos Estados Unidos pero la democracia mediática también. Lo que no estaría mal es saber si Campo Vidal cambiará el sentido de su voto cuando acabe el debate.

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