Cientos de Vírgenes Barrocas bailan su pena en la calle MARÍA

Por: RAFAEL MARTÍNEZ-SIMANCAS

Huele a incienso y a naranjo, a pétalos blancos de jazmín recién cortados,el clielo pone en lo alto la primera luna llena de primavera. Estamos en la fiesta más antigua de la humanidad, en el rito fértil de la tierra que sale de un invierno largo y estrecho. En las calles de Andalucía sacan a las vírgenes enjoyadas, vestidas como reinas;las mécen y las cantan saetas, con el dolor de un Dios hacen un espectáculo visual y de sonidos.
En el sur (del sur) a las dolorosas que llevan un puñal clavado en el pecho les dicen”¡guapa!” y las bailan como si estuviéran contentas. Algunas las levantan a pulso en un acto de desafío a la divinidad. Una vez al año Dios permite que los hombres lo paseen por las calles y no en su mejor momento. El rito manda celebrar la crucifixión como acto supremo de la mortalidad: sangre a borbotones y trompetas barrocas.
Las vírgenes son portadas en hombros por la fé de unos costaleros valientes. Ellas saben que volverán a su templo con el dolor de siempre, pero por el camino han permitido soñar al creyente con la vida eterna. Ellas, las madres enjoyas con lágrimas de cristal de pañuelo de seda, están dispuestas allrar siempre por el hijo que está en la cruz. El que le razone con lógica la Semana Santa está perdido, se trata de sentimientos y tensiones; en las calles se busca la emoción de un buen pase a un torrero, se aplaude la salida de rodillas, se premia a los que más aguantan el dolor descalzos.
Dios y la Virgen se pasean por los territorios ancestrales de la memoria, incluso antes de que inventaran la cruz.

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