Carta de Judas

Por: RAFAEL MARTÍNEZ-SIMANCAS

A veces las cartas tardan años en llegar, ?El evangelio de Judas? que acaba de aparecer estuvo diecisiete siglos llevado por los vientos del desierto egipcio hasta que en 1970 fue descubierto y adquirido por una fundación suiza. Una vez que han finalizado los trabajos de reconstrucción se ha podido traducir del copto un papiro que deja pequeña la teoría de la conspiración de ?El código Da Vinci? de Brown. Es un texto apócrifo, no lleva el sello de notario alguno, pero si creemos esta versión Judas no traicionó a su amigo sino que lo hizo a petición de Jesús. Tal sería la camaradería entre los dos que Judas aceptó el papel de malo de la historia convirtiéndose en el primer actor shakesperiano siglos antes de que naciera el dramaturgo inglés. En términos coloquiales se ?comió el marrón? porque a Jesús le hacía falta que se acelerara el proceso que le había encomendado el padre. No le importó que su nombre se echara a perder por treinta monedas de plata.
Jamás sabremos la verdad, puede ser una pieza más de los evangelios gnósticos que se escribieron en el siglo II, en cambio al menos dos de los evangelios canónicos sí fueron redactados por apóstoles que fueron testigos directos. Lo cierto es que a los teólogos se les abre otra línea de investigación que resulta muy interesante, dicen que este documento pudiera ser el que cita San Irineo de Lyon en su obra ?Contra las herejías? del año 180, (Irineo estaba harto de la secta cainita, gnósticos por supuesto). Todo se debe a una forma de entender la figura de Dios que para los cristianos es bondad plena, luego la corrupción y el libre albedrío crearon el mal; en cambio los gnósticos le echan la culpa a Dios por haber sido un chapuzas que creó el mundo desordenado, (y de paso fue responsable de la divina imperfección que tan positiva resulta, lo otro es un mundo cursi en el que los días se repiten con monotonía seráfica). La dialéctica entre el bien y el mal ha llegado a nuestros días, Bush habla del eje del mal como si fuera algo lejano cuando en realidad él lo alimenta con sus reiteradas meteduras de pata.
Dejemos que los teólogos se crucen en animados debates que llevarán otros diecisiete siglos más, hasta es posible que la selva regrese al desierto de Egipto y haya que traducir nuestras lenguas al marciano. Quedémonos con la figura del taimado Judas Iscariote; si en realidad Jesús le pidió que actuara para delatarle es que entre ellos existía una gran complicidad y en ese caso jamás habría accedido a desvelar el secreto porque los conjurados en aquella cena histórica sentían auténtica admiración por el maestro. Las monedas de plata no le sirvieron a Judas nada más que para comprarse una soga más cara, debía tener claro cuál iba a ser su final y se llevó el secreto a la tumba sin dejar pruebas. Miremos el cuadro de Leonardo otra vez para captar los matices del mejor grupo de amigos que ha habido en la historia, cada cuál supo cumplir con su papel hasta las últimas consecuencias, hacia falta un hombre justo y uno que fuera malvado. Por lo tanto la iconografía de la semana santa no hace justicia a quién por ayudar a su mejor amigo, (por amor) no le importó quedar como el mayor traidor de la historia.

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